Bruselas.- La Unión Europea enfrenta una creciente preocupación por su elevada dependencia del gas natural licuado (GNL) proveniente de Estados Unidos, luego de haber reducido drásticamente las importaciones de energía rusa tras la imposición de sanciones a Moscú, de acuerdo con un análisis publicado por The New York Times.

Tras romper gran parte de sus vínculos energéticos con Rusia, los países europeos recurrieron al gas natural licuado estadounidense como principal alternativa para garantizar el abastecimiento energético. Aunque este combustible resulta considerablemente más costoso, sus envíos han mantenido una relativa estabilidad.

Actualmente, los productores de Estados Unidos abastecen cerca de dos terceras partes del GNL que consume Europa, una participación que, según estimaciones, podría incrementarse hasta el 80 por ciento hacia el final de la presente década.

Sin embargo, el deterioro de las relaciones entre Washington y varias capitales europeas desde el regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense ha despertado inquietud entre autoridades del sector energético y de defensa, quienes advierten sobre los riesgos de concentrar el suministro en un solo proveedor.

El ex comandante adjunto supremo de la OTAN, Richard Shirreff, consideró que depender de Estados Unidos representa un riesgo estratégico para Europa.

“La realidad es que la relación se ha fracturado enormemente. Con el debido respeto, generar dependencia de Estados Unidos en un momento como este no es inteligente”, afirmó.

Además de Estados Unidos, otros proveedores relevantes de gas natural licuado para Europa son Nigeria y Catar. No obstante, este último enfrenta limitaciones para incrementar sus exportaciones debido al cierre del estrecho de Ormuz y al conflicto entre Estados Unidos e Irán, factores que afectan directamente la capacidad logística y energética de la región del Golfo Pérsico.

El estrecho de Ormuz es considerado uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo, ya que por esa vía transita una parte significativa del comercio internacional de petróleo y gas, por lo que cualquier interrupción repercute en los mercados energéticos globales.

Frente a este panorama y ante el riesgo de una nueva crisis energética, la Unión Europea presentó un plan para acelerar la electrificación del continente, con el propósito de disminuir su dependencia de combustibles fósiles importados.

La estrategia contempla impulsar el uso de fuentes de energía nacionales y renovables para abastecer las redes eléctricas, los sistemas de calefacción y el transporte, fortaleciendo la seguridad energética del bloque.

El comisario europeo de Vivienda y Energía, Dan Jorgensen, sostuvo que el gas estadounidense representa una solución temporal, pero insistió en que el objetivo de largo plazo es eliminar la dependencia de este combustible.

“Estados Unidos forma parte de la solución a corto plazo, pero a largo plazo estamos en camino de eliminar por completo nuestra dependencia del gas natural. Desde una perspectiva económica y de seguridad, nos encontramos en una situación muy insostenible y necesitamos salir de ella”, declaró.

Las autoridades europeas consideran que acelerar la transición hacia energías renovables y fortalecer la producción interna será clave para reducir la vulnerabilidad del bloque frente a tensiones geopolíticas y garantizar un suministro energético más seguro y sostenible en los próximos años.

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