Con la entrega de nuevas jaulas flotantes, alevines e insumos, 200 pescadores de los Aztlanes y Acachapan encuentran en la acuacultura una alternativa para mejorar sus ingresos, permanecer en sus comunidades y apoyar los estudios de sus hijos.

Centro, Tab.— Después de años de trasladarse de madrugada desde Aztlán tercera sección hasta Villahermosa para trabajar como albañil, don Valentín comienza a escribir una nueva historia junto a su familia. Hoy, la lancha que antes utilizaba para ir a buscar empleo le sirve para transportar jaulas, insumos y peces que cultiva en su comunidad, gracias al programa estatal Pescando Vida.

El pescador es uno de los 200 beneficiarios de esta iniciativa en las comunidades de los Aztlanes y Acachapan, en el municipio de Centro, donde la producción de mojarra representa una oportunidad para recuperar una actividad que durante años perdió fuerza ante la disminución del pescado en las lagunas.

“Antes la laguna tenía mucho pescado, pero se acabó. Y algunas personas tuvieron que trabajar al machete o ir a la ciudad para buscar trabajo; yo, como la mayoría, me metí en la albañilería”, relató.

Sin embargo, con el apoyo del programa, él y otros habitantes que trabajaban en la capital tabasqueña han comenzado a concentrarse nuevamente en la pesca. Aunque reconocen que el proyecto apenas inicia, aseguran que ya observan resultados en el crecimiento de los primeros alevines que recibieron.

“Este programa nos está beneficiando, aunque todavía estamos empezando, ya estamos viendo los resultados; los primeros peces que nos dieron ya están creciendo, porque están comiendo bonito”, comentó.

Más jaulas, nuevas oportunidades

Este lunes 26 de octubre, el secretario de Desarrollo Agropecuario y Pesca, Guillermo Priego León, acudió a la zona para realizar la entrega de alevines e insumos a los beneficiarios de Pescando Vida estatal.

Entre los apoyos se encuentran nuevas jaulas flotantes, de mayor tamaño que las primeras, destinadas a trasladar los peces a medida que crecen. También se entregaron tambos que funcionan como flotadores y mallas sombra para ayudar a contener a las mojarras y evitar que escapen hacia la corriente.

Con estos materiales, don Valentín prepara nuevas estructuras a orillas de su vivienda, donde continuará alimentando y cuidando los peces sin necesidad de abandonar su comunidad para obtener ingresos.

La posibilidad de trabajar cerca de casa también ha transformado la dinámica de su familia. Ahora, el pescador sueña con apoyar a sus hijos para que concluyan sus estudios: una de sus hijas cursa la universidad, otra estudia la secundaria y el menor tiene apenas un año.

“Quiero que mis hijos terminen de estudiar mientras los apoyo”, expresó.

Además de la oportunidad económica, destacó que permanecer en su hogar le permite convivir más tiempo con su esposa e hijos, una situación distinta a la que vivía cuando trabajaba en la construcción y regresaba por las noches, agotado después de una larga jornada.

El trabajo también une a la familia

Su esposa, doña Sandra, comparte el entusiasmo por esta nueva etapa. Antes tenía que trasladarse a Villahermosa para trabajar en casas o realizar ventas, pero le preocupaba dejar solos a sus hijos.

Ahora participa en las labores de cultivo, teje las jaulas y está pendiente de las necesidades de los peces.

“Mi hija decía que ya no iba a seguir estudiando, y yo le decía que no era posible porque ese es su sueño. Gracias a Dios, gracias a este programa y gracias al Gobernador, que pensó en los más necesitados, su sueño se va a cumplir”, relató emocionada.

Mientras don Valentín descarga los materiales de su lancha, Sandra lo ayuda a acomodarlos en el terreno familiar. En casa, el fogón de leña permanece encendido y la familia se organiza entre las labores cotidianas y el cuidado de los peces.

Para ellos, el programa representa mucho más que la entrega de insumos: significa la posibilidad de construir una fuente de ingresos propia, mantenerse unidos y ofrecer mejores oportunidades a sus hijos.

“Este fue nuestro año. Estamos bendecidos. Lloro de alegría, de gusto, porque podemos salir adelante con este apoyo, gracias a que nos han tomado en cuenta; años atrás hemos padecido mucho, pero, como le digo, este fue nuestro año”, expresó Sandra.

Mientras las lanchas continúan transportando materiales hacia otras comunidades de la zona, las familias beneficiarias avanzan en la preparación de sus jaulas y en el crecimiento de sus mojarras, con la expectativa de que la producción contribuya a su economía y llegue a las mesas de los hogares tabasqueños durante la próxima Semana Santa.

Para don Valentín y Sandra, cada pez que crece representa una esperanza renovada: la de trabajar sin alejarse de casa, sostener a su familia y ver cumplirse los sueños de sus hijos.

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