Macuspana, Tabasco. Antes de que iniciara la Jornada de Atención en el poblado Santuario Primera, las mujeres de la Comunidad de Aprendizaje Campesino (CAC) ya habían ocupado un lugar en el parque principal. Sobre las mesas acomodaron con orgullo el fruto de meses de trabajo: cacao, malanga, yuca, limón criollo, coco, naranja agria, plátano, pinol y achiote, convencidas de que ese día regresarían a casa con la venta completa.

Y así ocurrió.

Lo primero en agotarse fue el agua de coco, que servidores públicos y habitantes bebieron para mitigar el intenso calor. Después comenzaron a desaparecer los demás productos, obligando incluso a las productoras a traer más mercancía para atender la demanda.

“La verdad nos ha ido muy bien. Ahora sí ya es poco lo que nos queda. Tuvimos que traer más cacao, malanga, naranja agria, yuca, además de pinol y achiote, que nosotros elaboramos. Somos 23 hombres y mujeres los que integramos la unidad de producción”, cuenta Socorro Ocaña Herrera mientras ofrece a una joven una bolsa de pinolito.

Con una gorra de béisbol que la protege del sol y un lapicero que no suelta porque le sirve para registrar cada venta en una libreta, la productora de la ranchería Pino Suárez muestra con orgullo los frutos que cosechó en su parcela: limón criollo, plátano y coco.

Hace poco más de un año, reconoce, jamás imaginó estar vendiendo directamente lo que produce.

“Yo no había hecho esto hasta ahora que el gobernador Javier May abrió el recurso para el programa Sembrando Vida Tabasco. Nos sentimos contentas porque es algo que trabajamos, cosechamos y, a la vez, sacamos para nuestra venta”, explica.

Participar en la Jornada de Atención realizada el pasado 16 de julio en Santuario, ubicado a unos 15 kilómetros de la cabecera municipal de Macuspana, les permitió comercializar sin intermediarios, obteniendo un mejor ingreso por el esfuerzo invertido.

“Si lo hubiéramos vendido con un intermediario habríamos obtenido un precio más bajo”, afirma con una sonrisa mientras continúa atendiendo a los compradores.

La historia de Socorro es también la de muchas mujeres que forman parte de Sembrando Vida Tabasco. Hasta hace apenas año y medio, ella y otra de sus compañeras dedicaban todo su tiempo a las labores del hogar.

“No teníamos apoyo ni otra cosa en qué entretenernos más”, recuerdan.

Hoy su rutina es distinta. Prefieren acudir a la unidad de producción, participar en las labores de siembra, aprender nuevas técnicas junto con sus compañeras y compañeros e intercambiar conocimientos con los técnicos agrícolas y sociales que acompañan el programa.

La transformación, aseguran, no ha sido únicamente económica, sino también personal.

“Si me dijeran que volviera a mi casa o siguiera en Sembrando Vida, ¡yo sigo en Sembrando Vida!, limpiando y trabajando las cosechas, los productos para nosotros mismos y para la venta. Me siento contenta y orgullosa, agradecida con el gobernador Javier May, que se enfocó en este programa, que nos ha ayudado bastante en la cosecha y económicamente. Primero Dios, nos vamos a seguir poniendo aquí a vender nuestros productos, para el que guste”, expresa mientras entrega una bolsa de limones criollos que, como promete a sus clientes, son “jugosísimos”.

Historias como la de Socorro reflejan el impacto que Sembrando Vida Tabasco ha tenido en las comunidades rurales: además de fortalecer la producción agrícola, ha abierto espacios para que las mujeres participen activamente en la economía familiar, comercialicen directamente el fruto de su trabajo y encuentren en el campo una oportunidad para crecer, aprender y construir un mejor futuro.

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