Nacajuca, Tabasco. Recargado sobre el corral, con su camisa de cuadros de manga larga, el sombrero bien calado y el rostro curtido por el sol, José del Carmen Hernández sonríe con la satisfacción de quien ve cumplirse un anhelo largamente esperado.

“Este era un sueño que yo tenía de salir beneficiado en el programa Crédito Ganadero a la Palabra”, dice el joven ganadero, mientras observa con orgullo los animales que marcarán un antes y un después en su vida.

Habla con la modestia característica de las comunidades rurales. Le cuesta contar sus alegrías a un extraño, pero poco a poco comparte la historia de años de esfuerzo. Desde muy joven aprendió el oficio entre corrales, trabajando para otros con la esperanza de que algún día llegara la oportunidad de tener ganado propio.

“Llevo tiempo metido en los corrales. Trabajé con patrones para adquirir experiencia y algún día, cuando tuviera el ganado mío, volcarme en ello”, relata.

El intenso sol cae sobre la ranchería Chicozapote, en Nacajuca, tierra del pueblo yokot’an y escenario donde hace cuatro décadas nació un programa para fortalecer la actividad ganadera, impulsado por quien años después sería presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. José del Carmen parece inmune al calor. Como buen vaquero, está acostumbrado a las largas jornadas en el campo.

Originario de Oxiacaque, recuerda con emoción el día en que recibió la noticia de que sería uno de los 100 beneficiarios del programa Crédito Ganadero a la Palabra en Nacajuca, mediante el cual recibirá diez novillonas y un semental con registro.

“Mis papás me abrazaron y me felicitaron porque por fin iba a tener lo mío”, recuerda emocionado. “Ya cambió mi vida porque esto va a ser el sustento de mi día a día”.

Con apenas 22 años y siete dedicados de lleno a la ganadería, su experiencia le permite incluso anticipar buenas noticias. Mientras observa el lote de animales, asegura que algunas novillonas podrían estar preñadas.

“Las estoy viendo desde donde estaba sentado y vi el cielo en mis ojos. Descubrí unas negras y unas coloraditas que puede que estén preñadas; ya traen muchas expectativas”, comenta con entusiasmo.

Sabe que la actividad ganadera exige conocimiento y responsabilidad. Para él, el momento más delicado es el parto, cuando la vida de la madre y del becerro depende de la rapidez y habilidad del productor. Por ello celebra que, además de recibir los animales, contará con el acompañamiento técnico de una médica veterinaria zootecnista.

“Le doy las gracias al gobernador Javier May por apoyar no solamente a mí, sino a los jóvenes que también quieren incursionar en el manejo de ganado”, expresa.

La historia de José del Carmen refleja el espíritu de cientos de productores tabasqueños que buscan hacer del campo un proyecto de vida. Su testimonio coincidió con el mensaje pronunciado por el gobernador Javier May Rodríguez durante la primera parada de su gira del pasado 15 de julio, cuando dio el banderazo de salida al primer embarque de semovientes del programa.

Ante los beneficiarios, el mandatario afirmó que comparte con ellos la cultura del esfuerzo.

“Como ustedes, también madrugo, porque quien lo hace tarde ya no recibe nada”, expresó.

Y resumió en una frase el reconocimiento al trabajo de las familias del campo tabasqueño, particularmente del pueblo yokot’an:

“La verdadera riqueza de Tabasco es su gente”.

Para José del Carmen, esa riqueza hoy tiene un significado especial: después de años de trabajar para otros, por fin comienza a construir su propio patrimonio, convencido de que el sueño que alguna vez parecía lejano hoy pasta frente a él en forma de once nuevas oportunidades.

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