Para don César Moreno Salinas, recibir 10 novillonas y un semental mediante el programa Crédito Ganadero a la Palabra significó una oportunidad para incrementar su producción y mejorar el patrimonio de su familia. A pocos meses de incorporarse, ya registra tres nacimientos y cinco vientres preñados.
TABASCO.- En la parcela de don César Moreno Salinas, en el ejido Cacao Zona Alta, de Emiliano Zapata, los días comienzan temprano y con una prioridad: alimentar al ganado. La rutina campesina, marcada por el trabajo constante en la casa, los corrales y los potreros, adquirió una nueva dimensión desde que ingresó al programa Crédito Ganadero a la Palabra.
En agosto recibió 10 novillonas y un semental, animales que ahora forman parte de su unidad de producción y representan una oportunidad para incrementar el hato y generar mayores ingresos para su familia.
“Gracias a Dios estamos en el programa ganadero desde el mes de agosto, y aquí están los animalitos que nos dieron. A Dios gracias, tenemos tres nacencias y ya hay cinco preñadas”, relató mientras señalaba a los animales que pastaban en su parcela.

Producción que se convierte en sustento
La actividad ganadera forma parte de una vida en la que prácticamente todo se produce dentro de la parcela. Maíz, tomate, gallinas, aguacates y naranjas —estas últimas utilizadas también como alimento para las vacas— permiten a la familia contar con diversos productos sin tener que salir constantemente de su comunidad.
Para don César, la incorporación de ganado representa no solamente un apoyo para su actividad productiva, sino también un compromiso para hacer crecer el hato.
Explicó que en una revisión reproductiva anterior quedaron dos vientres sin preñez, aunque confió en que a estas fechas ya puedan estar cubiertos. Ahora, el siguiente paso es esperar el periodo de gestación y los nuevos nacimientos.
“Vamos produciendo, y eso significa que hay mejoras para la sociedad porque al producir becerros, va a haber carne y eso es el sustento de la familia”, expresó.
La expectativa del productor es que las 10 unidades de producción puedan generar becerros o terneras, con lo que el apoyo recibido se convierta progresivamente en un patrimonio productivo.

Un apoyo que cambia la perspectiva del campo
El sábado 3 de octubre, don César tenía previsto cumplir con un compromiso familiar. Sin embargo, decidió permanecer en su comunidad al enterarse de que el gobernador Javier May Rodríguez visitaría la Comunidad de Aprendizaje Pecuario, donde los productores reciben asesoría sobre el manejo del ganado.
“Porque no todos los días viene un gobernador”, comentó el productor, quien aprovechó la visita para compartir su experiencia y reconocer el apoyo recibido.
Para don César, el impacto del programa es tangible: antes no contaba con este número de animales y ahora tiene la responsabilidad de cuidarlos, reproducirlos y convertirlos en una fuente permanente de producción.
“Sería un mentiroso si dijera que no hay beneficios porque nadie te provee 10 animales y un semental, hechos para producir. A todos nos ha cambiado el programa porque antes no teníamos ese apoyo, y ahora es un compromiso”, afirmó.
Impacto social
Historias como la de don César muestran cómo los programas de apoyo al sector primario pueden incidir directamente en la economía de las familias rurales cuando los recursos se convierten en activos productivos.
En este caso, el ganado recibido no representa únicamente una ayuda inmediata, sino la posibilidad de incrementar el patrimonio familiar mediante la reproducción de los animales, generar nuevos becerros y, eventualmente, obtener ingresos derivados de la actividad ganadera.
Además, el fortalecimiento de las unidades de producción puede contribuir al abasto de carne y a la economía local, al mantener la actividad productiva en las comunidades rurales y generar condiciones para que las familias campesinas encuentren en el campo una fuente sostenible de sustento.
Para don César, la parcela seguirá siendo su lugar de trabajo y también su proyecto de vida. Con el ganado incorporado al programa, su rutina no disminuyó; por el contrario, aumentaron las responsabilidades, pero también la expectativa de que cada nacimiento contribuya a construir un patrimonio mayor para su familia.


