De Venezuela a Indonesia, la Tierra vuelve a recordar su fuerza; en México, 500 años de registros cuentan una historia de terremotos, destrucción, pérdidas humanas y, también, de prevención

REDACCIÓN | REPORTEROS DEL SUR
VILLAHERMOSA, TABASCO: Los recientes terremotos que han sacudido Venezuela, Colombia e Indonesia volvieron a colocar a los movimientos telúricos en el centro de la atención mundial. En pocas semanas, tres regiones sísmicamente activas enfrentaron terremotos de gran magnitud y dejaron imágenes de edificios colapsados, comunidades desplazadas, personas atrapadas entre los escombros y una misma pregunta: ¿qué tan preparados están los países para enfrentar un terremoto de gran intensidad?
En Venezuela, el 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 ocurrieron con menos de un minuto de diferencia, a unos 160 kilómetros al oeste de Caracas. Los primeros reportes hablaban de decenas de víctimas; con el paso de las semanas, el balance se elevó de manera dramática.
Colombia enfrentó el 10 de agosto un terremoto de magnitud 7.4 en el suroccidente del país. El movimiento provocó graves daños en ciudades como Cali, Pereira, Armenia, Manizales y Quibdó, además del colapso de viviendas y edificios. Días después, los equipos de emergencia todavía buscaban sobrevivientes entre los escombros.
Y el 15 de agosto, Indonesia volvió a estremecerse. Un terremoto de magnitud 7.7 golpeó la isla de Flores y dejó decenas de muertos, cientos de heridos y miles de personas sin vivienda. El país, ubicado en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, es una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta.
La sucesión de estos acontecimientos puede dar la impresión de que el planeta atraviesa un periodo extraordinario de terremotos. Sin embargo, especialistas recuerdan que la coincidencia temporal no significa que exista una conexión entre ellos. Un sismólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España señaló recientemente que cuatro grandes terremotos registrados entre junio y agosto —Venezuela, Colombia, España e Indonesia— se encuentran dentro de los niveles esperados de actividad sísmica mundial y que actualmente no existe un método científico para predecir cuándo ocurrirá un gran terremoto.
México conoce esa historia de primera mano.
Cinco siglos mirando cómo tiembla la tierra
La historia sísmica mexicana no comenzó con los instrumentos modernos. El Servicio Sismológico Nacional señala que existen registros históricos de terremotos desde el siglo XV, cuando códices prehispánicos representaron mediante glifos algunos movimientos de tierra, sus lugares de percepción y los daños asociados. Los registros instrumentales, en cambio, comenzaron apenas a principios del siglo XX.
México se encuentra en una zona donde interactúan varias placas tectónicas. Frente a buena parte de las costas del Pacífico, la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana. Esa interacción explica buena parte de los grandes terremotos que han afectado al país. En particular, los movimientos más grandes que llegan a sentirse con fuerza en la Ciudad de México suelen tener su origen frente a las costas de Guerrero, Michoacán, Colima y Oaxaca.
La historia registra terremotos mucho mayores que los que permanecen en la memoria popular.
1787: el gran terremoto de Oaxaca
Uno de los eventos históricos más importantes ocurrió en 1787 frente a las costas de Oaxaca. Investigaciones de la UNAM lo estiman en una magnitud cercana a 8.6, lo que lo coloca entre los mayores terremotos conocidos de la historia sísmica mexicana.
Mucho antes de que existieran sismógrafos, las consecuencias de estos fenómenos quedaban registradas en crónicas, documentos y testimonios. Por eso, reconstruir los grandes terremotos de siglos pasados implica estudiar no sólo cifras, sino también relatos de destrucción, inundaciones, deslizamientos y cambios en el paisaje.
1932: el terremoto que marcó un récord

El 3 de junio de 1932 ocurrió frente a las costas de Jalisco y Colima uno de los terremotos más importantes registrados instrumentalmente en México. Alcanzó magnitud 8.2 y tuvo una ruptura estimada en unos 280 kilómetros.
El terremoto devastó poblaciones de la costa y generó un tsunami que incluso fue registrado en Hawái.
Aquel evento demostró que los grandes terremotos mexicanos no eran exclusivos de la zona central del país y que un movimiento frente al Pacífico podía generar efectos mucho más allá de su epicentro.
1957: el día que cayó el Ángel

El 28 de julio de 1957, la Ciudad de México fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.6, conocido como el sismo del Ángel.
La imagen quedó grabada en la memoria nacional: la Victoria Alada que coronaba la columna de Independencia cayó de su pedestal. El terremoto se convirtió en uno de los símbolos de la vulnerabilidad de la capital.
La UNAM recuerda que este evento ocurrió en julio y no en septiembre, una precisión importante frente a la creencia popular de que septiembre es una especie de “temporada de terremotos” en México. Los especialistas han descartado científicamente que exista una temporada sísmica de septiembre.
1985: la tragedia que cambió a México

El 19 de septiembre de 1985, a las 7:17 de la mañana, un terremoto de magnitud 8.1 golpeó las costas de Michoacán.
El epicentro estaba a cientos de kilómetros de la capital, pero las ondas sísmicas encontraron en el subsuelo de la Ciudad de México una condición que amplificó notablemente el movimiento.
El resultado fue devastador.
Edificios completos se derrumbaron, otros quedaron gravemente dañados y miles de familias perdieron sus viviendas. CENAPRED registra más de 30 mil viviendas destruidas, más de 60 mil con daños y alrededor de 150 mil damnificados; la cifra oficial de fallecidos fue de aproximadamente 6 mil, aunque durante décadas se han manejado estimaciones mayores.
El terremoto también dejó una historia social: ciudadanos comunes que salieron a las calles para buscar sobrevivientes, remover escombros, repartir alimentos y organizar rescates cuando las estructuras oficiales resultaron insuficientes.
El 19 de septiembre dejó de ser solamente una fecha en el calendario. Se convirtió en un símbolo de memoria, solidaridad y prevención.
1995: Colima frente al Pacífico
El 9 de octubre de 1995, otro gran terremoto golpeó la costa de Colima y Jalisco.
El sismo alcanzó magnitud 8.0 y tuvo una profundidad aproximada de 25 kilómetros. CENAPRED reportó 58 personas fallecidas y unos 35 mil damnificados. El movimiento también generó un tsunami que alcanzó aproximadamente cinco metros en Manzanillo.
El episodio volvió a demostrar una característica de los terremotos mexicanos: un gran sismo frente al Pacífico no sólo puede provocar daños por el movimiento del suelo, sino también generar peligro de tsunami.
1999: Puebla recuerda que el centro también tiembla

El 15 de junio de 1999, Puebla fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.0, con epicentro aproximadamente 20 kilómetros al sur de Tehuacán.
El movimiento afectó una amplia región y provocó daños especialmente severos en edificios antiguos, iglesias, escuelas, palacios municipales y viviendas de adobe.
Las investigaciones de la UNAM documentaron que el sismo provocó al menos 15 muertos y 188 lesionados, mientras que cientos de personas perdieron sus viviendas. La vulnerabilidad estuvo relacionada tanto con las características del terreno como con la antigüedad y fragilidad de muchas construcciones.
2017: dos terremotos que volvieron a cambiar la memoria

El año 2017 quedó marcado por dos grandes terremotos ocurridos con apenas 12 días de diferencia.
El primero fue el 7 de septiembre, cuando un terremoto de magnitud 8.2 sacudió el Golfo de Tehuantepec. El epicentro se ubicó frente a las costas de Chiapas y Oaxaca.
Fue el terremoto de mayor magnitud registrado instrumentalmente en México desde 1932 y, pese a superar en magnitud al terremoto de 1985, sus efectos en la Ciudad de México fueron considerablemente menores debido, entre otros factores, a la distancia y profundidad del evento.
El segundo ocurrió el 19 de septiembre, exactamente 32 años después del terremoto de 1985.
A las 13:14 horas, un sismo de magnitud 7.1, con epicentro entre Puebla y Morelos y a unos 120 kilómetros de la capital, provocó una nueva tragedia.
La diferencia con 1985 fue fundamental: aunque el terremoto de 2017 tuvo una magnitud mucho menor, su epicentro estuvo mucho más cerca de la Ciudad de México. La UNAM calculó que el terremoto de 1985 liberó aproximadamente 32 veces más energía sísmica, pero la cercanía del evento de 2017 hizo que el movimiento fuera particularmente intenso en la capital.
La coincidencia de fechas alimentó todo tipo de teorías y supersticiones. Sin embargo, los especialistas han sido claros: no existe una explicación científica que relacione la fecha del 19 de septiembre con una mayor probabilidad de terremotos.
2022: el tercer 19 de septiembre

Cuando parecía que la fecha no podía añadir otro capítulo a su historia, ocurrió nuevamente.
El 19 de septiembre de 2022, a las 13:05 horas, un terremoto de magnitud 7.7 tuvo su epicentro cerca de Coalcomán, Michoacán.
El movimiento fue percibido por alrededor de 48 millones de personas y provocó daños principalmente en Colima y Michoacán. También se sintió en la Ciudad de México y numerosos estados del centro y occidente.
Horas y días después llegaron las réplicas. Para el 22 de septiembre, Protección Civil reportaba mil 436 réplicas, incluida una de magnitud 6.9.
Fue la tercera ocasión en que un sismo de gran intensidad golpeaba México un 19 de septiembre: 1985, 2017 y 2022.
La coincidencia volvió a provocar temor entre la población, pero la ciencia insistió en el mismo mensaje: los terremotos no pueden predecirse.
México sigue temblando

La historia no terminó en 2022.
El Servicio Sismológico Nacional registra diariamente movimientos de diferentes magnitudes en el territorio nacional. Sus estadísticas muestran que el número de eventos localizados ha aumentado de manera importante en las últimas décadas; pero esto no significa necesariamente que México se esté volviendo más sísmico.
El propio SSN explica que buena parte del incremento se debe a la instalación de nuevas estaciones sismológicas y a una mayor capacidad para detectar terremotos pequeños que antes pasaban inadvertidos.
Por ejemplo, el SSN reportó 796 sismos en 1990, mientras que en 2025 contabilizó 39 mil 983. La diferencia refleja, en gran medida, una red de vigilancia mucho más amplia y moderna.
La lección no es cuándo temblará, sino cómo responder

Los terremotos de Venezuela, Colombia e Indonesia han dejado nuevamente imágenes de tragedia y han puesto a prueba los sistemas de emergencia.
México, por su parte, acumula décadas de experiencias que modificaron reglamentos de construcción, sistemas de alerta, protocolos de protección civil y cultura de prevención.
El aprendizaje de 1985 llevó a transformar la manera en que la capital enfrenta los terremotos. Después de 2017, se reforzó la discusión sobre las estructuras vulnerables, la revisión de edificios y la necesidad de mejorar la preparación ciudadana.
Pero existe una certeza que atraviesa toda la historia: no existe un calendario capaz de decir cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.
La ciencia puede identificar las zonas donde existe mayor peligro, estudiar las fallas, medir el movimiento de las placas, construir mapas de riesgo y desarrollar sistemas de alerta. Lo que todavía no puede hacer es decir el día y la hora exactos.
Por eso, mientras Venezuela, Colombia e Indonesia enfrentan las consecuencias de sus recientes terremotos, México vuelve a mirar su propia historia.
Desde los códices que registraron los primeros temblores hasta los modernos sismógrafos que detectan miles de movimientos al año, el mensaje es el mismo: la tierra seguirá moviéndose.
La diferencia entre un sismo y una catástrofe, muchas veces, no está solamente en la magnitud.
Está en dónde ocurre, qué encuentra a su paso y qué tan preparada está una sociedad para enfrentarlo.
CRONOLOGÍA DE LOS GRANDES SISMOS
1787 — Oaxaca. Terremoto histórico estimado en magnitud 8.6.
3 de junio de 1932 — Jalisco y Colima. Magnitud 8.2. Generó tsunami.
28 de julio de 1957 — Guerrero. Magnitud 7.6. El “sismo del Ángel”.
19 de septiembre de 1985 — Costas de Michoacán. Magnitud 8.1. Uno de los terremotos más destructivos de México.
9 de octubre de 1995 — Colima-Jalisco. Magnitud 8.0. Tsunami de hasta cinco metros en Manzanillo.
15 de junio de 1999 — Puebla. Magnitud 7.0. Al menos 15 muertos y 188 lesionados.
7 de septiembre de 2017 — Golfo de Tehuantepec. Magnitud 8.2.
19 de septiembre de 2017 — Puebla-Morelos. Magnitud 7.1. Grave impacto en la Ciudad de México y estados del centro.
19 de septiembre de 2022 — Coalcomán, Michoacán. Magnitud 7.7. El tercer gran sismo ocurrido un 19 de septiembre.


