La historia de la narcotraficante guatemalteca está marcada por asesinatos, pugnas territoriales, vínculos con la política y dos fugas de prisión que la convirtieron en una de las figuras criminales más conocidas de Centroamérica.

GUATEMALA.- Marixa Ethelinda Lemus Pérez, conocida como “La Patrona”, construyó una trayectoria criminal en la que, de acuerdo con investigaciones periodísticas y reportes judiciales citados en diversos medios, confluyeron el narcotráfico, la política local y las disputas por el control de rutas para el traslado de drogas hacia México y Estados Unidos.

Su historia se desarrolló principalmente en Moyuta, Jutiapa, municipio guatemalteco donde la familia Lemus llegó a ejercer una importante influencia política y territorial. El ascenso de Marixa estuvo ligado a una violenta disputa familiar y criminal que dejó asesinatos, enfrentamientos y acusaciones cruzadas entre grupos que buscaban controlar el tráfico de estupefacientes.

La incursión de los Lemus en la política tomó fuerza en 2008, cuando Marcel Magno Lemus Pérez, hermano mayor de Marixa, ganó la alcaldía de Moyuta. Desde esa posición, según investigaciones periodísticas, la familia habría aprovechado sus conexiones e influencia para fortalecer sus actividades ilícitas y el control de las rutas utilizadas para el trasiego de drogas.

Magno Lemus murió en 2009, presuntamente víctima de un infarto. Tras su fallecimiento surgieron versiones y rumores que apuntaban a sus propias hermanas, aunque dichas acusaciones forman parte de los señalamientos recogidos por medios de comunicación y no deben confundirse con hechos judicialmente acreditados.

La violencia alcanzó nuevamente a la familia en febrero de 2011, cuando Mayra Lemus Pérez, hermana de Marixa y entonces aspirante a la alcaldía de Moyuta, fue asesinada a tiros en un restaurante. Su muerte ocurrió después de que la familia ya había sufrido otro golpe: en 2006, Jennifer, hija de Marixa, murió durante una emboscada.

Tras el asesinato de Mayra, Marixa tomó la candidatura a la alcaldía y se alió con Rony Rodríguez, identificado en reportes periodísticos como un rival político y, presuntamente, integrante de las disputas por las rutas del narcotráfico. La alianza, sin embargo, terminó abruptamente cuando Rodríguez fue asesinado a balazos en junio de 2011.

Marixa atribuyó esos homicidios a su principal adversario político, Carlos Roberto Marroquín Fuentes, quien finalmente ganó la elección municipal. Desde entonces, ambos personajes quedaron vinculados en una prolongada disputa de acusaciones, amenazas y señalamientos relacionados con la violencia en la región.

La trayectoria de Lemus dio un giro definitivo en 2014, cuando fue detenida y posteriormente condenada a 94 años de prisión por delitos relacionados con secuestro y homicidio, de acuerdo con reportes de organismos especializados en crimen organizado.

Pero su encarcelamiento no puso fin a la historia. En 2016 logró escapar de prisión al superar un muro perimetral con ayuda de otros reclusos. Un año después protagonizó una segunda fuga, esta vez de una instalación militar, utilizando un disfraz para hacerse pasar por integrante del personal penitenciario.

Su capacidad para evadir la custodia provocó que fuera comparada mediáticamente con el narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Sin embargo, la fuga duró poco: fue localizada y recapturada en El Salvador después de un operativo de búsqueda.

Desde prisión, Marixa mantuvo una postura desafiante y aseguró que buscaba justicia por los asesinatos de integrantes de su familia. En declaraciones recogidas por medios centroamericanos, sostuvo que la violencia que sufrió la llevó a endurecerse y manifestó su intención de enfrentar a quienes consideraba responsables de las muertes.

El caso de “La Patrona” se convirtió así en uno de los ejemplos más notorios de la manera en que, en determinadas regiones de Centroamérica, las fronteras entre la política municipal, los negocios, la violencia y las estructuras del crimen organizado pueden llegar a entrelazarse.

Más allá de las acusaciones y versiones que rodean su historia, el expediente de Marixa Lemus quedó marcado por hechos documentados: una condena de larga duración, dos fugas espectaculares y una trayectoria atravesada por disputas familiares y políticas en una zona estratégica para las rutas del narcotráfico centroamericano.

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