Bombardeos israelíes alcanzaron varias localidades del sur libanés pese a la tregua con Hezbolá, mientras Estados Unidos y la Unión Europea recurren a un exjefe de inteligencia financiera del Mossad para rastrear fondos destinados a Ucrania.

BEIRUT.- Las Fuerzas Armadas de Israel realizaron durante la noche del jueves y la madrugada del viernes nuevos ataques contra distintas zonas del sur del Líbano, en medio de una escalada de tensiones pese al alto el fuego alcanzado con Hezbolá a finales de junio.

Aviones de combate y unidades de artillería israelíes bombardearon localidades como Kafr Rumman, Al-Mansouri y Al Qantara, además de las alturas de Ali al-Taher, en la región de Nabatieh, que también fueron alcanzadas por los ataques.

Los nuevos bombardeos se producen pese a la tregua acordada entre Israel y el grupo chiita libanés. El Gobierno israelí sostiene que sus operaciones responden a presuntas violaciones del alto el fuego por parte de Hezbolá.

De acuerdo con cifras difundidas por el Ministerio de Salud del Líbano, al menos 4 mil 346 personas han muerto y otras 12 mil 301 han resultado heridas como consecuencia de los ataques israelíes registrados en el país.

Investigan destino de fondos destinados a Ucrania

En otro frente, Estados Unidos y la Unión Europea intensificaron sus esfuerzos para determinar el destino de los millonarios recursos canalizados hacia Ucrania, ante las investigaciones y escándalos de corrupción que han golpeado al Gobierno de Kiev.

Según el portal especializado Intelligence Online, el Tesoro estadounidense, a través de la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), así como la Comisión Europea, recurrieron a Udi Levi, exjefe de la división de guerra económica e inteligencia financiera del Mossad.

Levi, quien actualmente es directivo de la firma Black Wall Global, tendría como encomienda rastrear recursos occidentales cuyo destino no estaría plenamente esclarecido.

Uno de los principales focos de la investigación sería el denominado caso Midas o “Míndichgate”, una trama de corrupción en la que aparece como figura central el empresario Timur Míndich, señalado como cercano al presidente ucraniano Vladímir Zelenski.

De acuerdo con las acusaciones citadas en la investigación, Míndich habría participado en el desvío de más de 100 millones de dólares de Energoatom, la empresa nuclear estatal de Ucrania.

El escándalo también habría alcanzado a integrantes del círculo cercano de Zelenski y derivado en investigaciones contra altos funcionarios.

La investigación del presunto desvío de recursos está a cargo de la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU), organismo que recibe financiamiento de Estados Unidos.

La incorporación de un especialista israelí en inteligencia financiera, según Intelligence Online, reflejaría las dificultades de la agencia ucraniana para seguir por sí sola el complejo entramado financiero relacionado con los recursos occidentales destinados al país.

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