CHIAPAS.- A más de cuatro décadas de la histórica erupción del volcán El Chichón, la Secretaría de Protección Civil del estado de Chiapas, advirtió que su peligrosidad continúa siendo un factor crítico que exige vigilancia constante, monitoreo especializado y planes de prevención actualizados para proteger a la población.
José Arturo Barrientos Pérez, director de Reducción de Riesgos de la dependencia, recordó que el despertar del coloso en 1982, luego de aproximadamente 550 años de inactividad, dejó una de las mayores tragedias volcánicas en la historia de México.
El funcionario explicó que aquella catástrofe provocó la muerte de más de dos mil personas, la desaparición total de nueve localidades y un impacto climático de alcance global, debido a la enorme cantidad de ceniza y gases expulsados a la atmósfera, lo que ocasionó una disminución de 0.5 grados Celsius en la temperatura mundial.
“Este volcán representa el último gran desastre volcánico ocurrido en territorio mexicano, por lo que su monitoreo no es opcional, sino una prioridad de seguridad nacional”, subrayó Barrientos Pérez.
A diferencia de la incertidumbre que existía en la década de los 80, actualmente la tecnología y la información científica permiten un abordaje mucho más preciso para la prevención y la toma de decisiones.

La Secretaría de Protección Civil trabaja en coordinación con el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), con el objetivo de fortalecer los sistemas de monitoreo y respuesta.
Gracias a esta colaboración, se han creado y actualizado herramientas fundamentales como el programa especial de protección civil, el protocolo de ascenso para investigadores y turistas, así como un plan de evacuación detallado para las comunidades cercanas al volcán.
Barrientos Pérez destacó que la prevención moderna se sustenta en datos técnicos y científicos, que permiten determinar el riesgo real y establecer los niveles de alerta a través del semáforo preventivo.
Estos indicadores se obtienen mediante el análisis del monitoreo sísmico, estudios geoquímicos y la medición de cambios físicos en la estructura del volcán.
“Trabajamos en el análisis de la situación actual para determinar escenarios posibles. Contar con datos actualizados es lo que nos permite estar preparados ante cualquier eventualidad volcánica”, concluyó el funcionario.


