CHIAPAS.- Ante las modificaciones en las políticas migratorias tanto a nivel nacional como internacional, las comunidades migrantes han comenzado a conformar grupos cada vez más organizados, llegando incluso a la articulación de demandas políticas, señaló Luis Rubén Díaz Cepeda, investigador de la Universidad de Texas en El Paso, durante una ponencia realizada en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).
El especialista explicó que las primeras formas de organización entre migrantes surgen a partir de necesidades básicas compartidas, principalmente relacionadas con la seguridad, ya que muchas personas inician su trayecto sin el capital social, cultural o económico suficiente, por lo que buscan agruparse con otros para intercambiar información y apoyo.
Como ejemplo, relató que durante entrevistas con migrantes en situación de calle en la Ciudad de México, varios le explicaron cómo se turnaban para vigilar mientras otros dormían, además de compartir alimentos y otros recursos para sobrevivir.
Díaz Cepeda indicó que, en una primera etapa, estos grupos suelen integrarse sin distinción de nacionalidad, aunque sí presentan diferencias marcadas por género, siendo predominantemente masculinos. Añadió que la fe religiosa también desempeña un papel relevante como elemento de cohesión dentro de estas comunidades.

No obstante, explicó que cuando los migrantes permanecen dos o más semanas en un mismo sitio y logran cierta estabilidad, comienzan a reorganizarse de acuerdo con afinidades culturales y nacionales, fortaleciendo vínculos con personas de su mismo origen.
Durante su intervención, el investigador destacó que la migración plantea cuestionamientos profundos sobre conceptos como ciudadanía y nación. “¿Qué es un ciudadano? ¿Qué es un estado nación?”, planteó, al reflexionar sobre las dinámicas sociales derivadas de la movilidad humana.
Asimismo, llamó a replantear la visión tradicional de los migrantes como víctimas, proponiendo en cambio entenderlos como comunidades con capacidad de organización, aunque limitadas por factores estructurales.
Finalmente, sostuvo que, contrario a algunas percepciones, la migración no debilita la economía, sino que el sistema capitalista depende de la mano de obra migrante para sostener sus niveles de producción, razón por la cual las grandes ciudades concentran una alta recepción de estas poblaciones.


