PARAÍSO, TAB.- Donde el asfalto se adelgaza hasta perderse entre manglares, lagunas y caminos salpicados de salitre, ahí —en comunidades que durante años parecieron quedar fuera del mapa— comenzó a moverse desde temprano la vida. No era un día cualquiera: el Gobierno del Territorio llegaba nuevamente a la ranchería Unión, segunda sección.
Desde antes de las ocho de la mañana, hombres de mar, madres de familia, comerciantes improvisados y adultos mayores ocupaban la Unidad Deportiva convertida en centro de atención pública. Entre filas ordenadas, carpas blancas y el ir y venir de servidores públicos, la comunidad esperaba la llegada del gobernador Javier May Rodríguez, quien, fiel a su estilo, no aguardó en oficinas: fue hasta donde termina la carretera y empieza el agua.
A las 8:28 horas, tras recorrer casi cien kilómetros por la vía rápida recién rehabilitada y la zona costera de Paraíso, el mandatario arribó al lugar. Para entonces, médicos, psicólogos y funcionarios ya atendían a cientos de costeños que buscaban consultas, trámites o integrarse a alguno de los programas sociales.

Entre ellos estaba doña María Magdalena Izquierdo, con documentos abrazados contra el pecho como si fueran patrimonio familiar. Originaria de Comalcalco pero habitante desde hace décadas de esta región rodeada de ríos y mar, aguardó pacientemente su turno.
—Este gobernador nos está echando mucho la mano. Viene hasta las comunidades, no se olvida de nosotros —dijo mientras observaba el movimiento alrededor—. Aquí hay médicos, apoyo y atención. Antes no se veía eso.
A sus 54 años asegura no recordar a otro mandatario tan cercano. Habla con nostalgia de los tiempos en que abundaba el pescado y los hombres de mar regalaban parte de su captura, pero también reconoce que hoy los apoyos sociales representan una nueva esperanza.
—Me atendió a mí y también a mi hermano que está enfermo. Yo le doy gracias de corazón. ¡Que Dios lo bendiga!

El anuncio que corrió como pólvora
El momento que cambió el ánimo colectivo llegó cuando, desde la Unidad Deportiva, el gobernador anunció la construcción de un puente que finalmente conectará esta punta costera con el poblado Cocohital, en Comalcalco.
La noticia se expandió entre pescadores y familias como un rumor imposible que de pronto se volvía realidad. Durante años, la erosión costera borró la carretera hacia Sánchez Magallanes y dejó incomunicadas a comunidades enteras.
A un costado de los módulos de atención, Ángel Antonio López Bailón sostenía a su hija recién nacida mientras su familia vendía tostadas y flanes preparados para la jornada.
—Va a ser muy bueno. Habrá más transporte, más comercio y menos vueltas para llegar a otros pueblos. Nos beneficia a todos, afirmó el pescador.
Para su familia, la visita también significó ingresos. La llegada de gente activó ventas y dio movimiento económico inmediato.
—Si hay gente, hay comercio. Y eso también ayuda, dijo mientras entregaba cambio a una clienta.

Mujeres que emprenden
Horas más tarde, a las 10:45, el mandatario llegó a la cabecera municipal entre aplausos y gritos de “¡Gobernador, gobernador!”. Ahí entregó las primeras Tandas para la Mujer, parte de un paquete de 600 apoyos destinados a impulsar pequeños negocios.
Rosa Carmina, María Santos y Armenia Hernández recibieron los primeros recursos entre sonrisas nerviosas y aplausos comunitarios.
—Sigan soñando en grande, exhortó la secretaria de Turismo y Desarrollo Económico, Katia Ornelas Gil, mientras las beneficiarias levantaban sus documentos como símbolo de un nuevo comienzo.
Gobernar desde el agua
La jornada no terminó en tierra firme. A las 11:19 horas, el gobernador abordó una lancha junto a autoridades del sector pesquero para supervisar el programa Pescando Vida en su modalidad ostrícola.

El trayecto, de apenas veinte minutos, se convirtió en una escena poco habitual: lanchas rodeando la embarcación oficial, ostioneros saludando con entusiasmo y carteles de agradecimiento ondeando sobre el agua.
Las embarcaciones —La Lupita, La Sirena, La Gaviota, La Media Naranja, La Langosta y La Roxana— se balanceaban suavemente mientras sus tripulantes aplaudían.
En la caseta de vigilancia flotante del Centro de Aprendizaje Acuícola “El Chivero”, Gabriel Cruz Álvarez, joven padre de familia, habló con emoción contenida.
—Nunca había venido un gobernador a los campos de trabajo. Es admirable tenerlo aquí. Este programa nos permitió regresar y quedarnos con nuestras familias, expresó.
Hace tiempo emigró a Cancún en busca de empleo; hoy decidió quedarse gracias a la acuacultura.
El subsecretario de Pesca destacó que los beneficiarios han logrado ostiones de casi diez centímetros tras ocho meses de trabajo constante, incluso durante los ventarrones que amenazaron las granjas.
La producción conjunta ya alcanza 200 mil ostiones listos para comercializar.
Futuro sobre el oleaje
El mar guardó silencio mientras el gobernador observaba a jóvenes y pescadores reunidos frente a él. Solo el movimiento del agua rompía la calma.
—De aquí vamos para adelante. Entre más módulos, más ingresos. Ya casi hay un millón de ostiones para la venta; son seis millones de pesos que se quedan en la comunidad. Aquí hay futuro, aquí hay esperanza, afirmó.
Las palabras quedaron suspendidas sobre la laguna mientras las lanchas comenzaban a dispersarse lentamente.
Al final del día, cuando las carpas empezaban a desmontarse y los vendedores contaban las últimas monedas, la sensación entre los habitantes era clara: el gobierno había llegado hasta donde pocas veces llega.
Allá donde el territorio no se mide por kilómetros de carretera, sino por la distancia histórica entre el poder y la gente. Y donde, al menos por unas horas, esa distancia pareció acortarse.


