{"id":39181,"date":"2026-02-05T18:21:46","date_gmt":"2026-02-06T00:21:46","guid":{"rendered":"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/?p=39181"},"modified":"2026-02-06T12:55:06","modified_gmt":"2026-02-06T18:55:06","slug":"asi-era-viajar-en-ado-en-los-anos-70-y-80-rumbo-al-sureste-mexicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/2026\/02\/asi-era-viajar-en-ado-en-los-anos-70-y-80-rumbo-al-sureste-mexicano\/","title":{"rendered":"As\u00ed era viajar en ADO en los a\u00f1os 70 y 80 rumbo al sureste mexicano"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1020\" height=\"420\" data-id=\"39193\" src=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-39193\" srcset=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1.jpg 1020w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1-300x124.jpg 300w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1-768x316.jpg 768w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1-465x191.jpg 465w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje3-1-695x286.jpg 695w\" sizes=\"auto, (max-width: 1020px) 100vw, 1020px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1020\" height=\"665\" data-id=\"39192\" src=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-39192\" srcset=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1.jpg 1020w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1-300x196.jpg 300w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1-768x501.jpg 768w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1-465x303.jpg 465w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje2-1-695x453.jpg 695w\" sizes=\"auto, (max-width: 1020px) 100vw, 1020px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1020\" height=\"680\" data-id=\"39191\" src=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-39191\" srcset=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1.jpg 1020w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1-768x512.jpg 768w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1-465x310.jpg 465w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/viaje1-1-695x463.jpg 695w\" sizes=\"auto, (max-width: 1020px) 100vw, 1020px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1020\" height=\"680\" data-id=\"39190\" src=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-39190\" srcset=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen.jpg 1020w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen-300x200.jpg 300w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen-768x512.jpg 768w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen-465x310.jpg 465w, https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/wp-content\/uploads\/cd-del-carmmen-695x463.jpg 695w\" sizes=\"auto, (max-width: 1020px) 100vw, 1020px\" \/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>Hip\u00f3lito Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Viajar por carretera hacia el sureste de M\u00e9xico en las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta no era simplemente trasladarse de un punto a otro: era una experiencia completa, una traves\u00eda marcada por la paciencia, el asombro y la emoci\u00f3n de descubrir una regi\u00f3n que a\u00fan conservaba intacta gran parte de su m\u00edstica natural. Para quienes se dirig\u00edan a Campeche, Yucat\u00e1n o Quintana Roo a bordo de los autobuses ADO, el trayecto formaba parte esencial del viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los momentos m\u00e1s memorables ocurr\u00eda al llegar a Ciudad del Carmen, Campeche, cuando todav\u00eda no exist\u00eda el Puente Zacatal sobre la Laguna de T\u00e9rminos. En aquella \u00e9poca, la \u00fanica forma de cruzar hacia la isla era a trav\u00e9s del legendario transbordador, conocido popularmente como <em>la Panga<\/em>. Autom\u00f3viles particulares, camiones de carga y los emblem\u00e1ticos autobuses DINA Ol\u00edmpico de ADO eran alineados cuidadosamente para abordar la enorme plataforma flotante que, con lentitud pero firmeza, avanzaba sobre las aguas de la laguna.<\/p>\n\n\n\n<p>El cruce no era breve. Pod\u00eda tomar entre 30 y 45 minutos, dependiendo de las condiciones clim\u00e1ticas y del tr\u00e1fico acumulado. Para muchos pasajeros, ese tiempo se convert\u00eda en una pausa obligada que romp\u00eda la monoton\u00eda del camino. Algunos descend\u00edan del autob\u00fas para estirar las piernas; otros prefer\u00edan observar desde las ventanillas el paisaje que se abr\u00eda frente a ellos: un vasto espejo de agua salpicado de aves marinas, manglares y, en ocasiones, peque\u00f1as embarcaciones pesqueras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que verdaderamente quedaba grabado en la memoria de quienes vivieron esa experiencia era el inesperado espect\u00e1culo de los delfines. No eran raras las ocasiones en que estos cet\u00e1ceos acompa\u00f1aban al transbordador, saltando junto a la embarcaci\u00f3n como si escoltaran a los viajeros. Para ni\u00f1os y adultos, ese momento se transformaba en un recuerdo imborrable, una escena casi m\u00e1gica que reforzaba la sensaci\u00f3n de aventura y conexi\u00f3n con la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Los autobuses de ADO en aquellos a\u00f1os tambi\u00e9n formaban parte del encanto. Los DINA Ol\u00edmpico, robustos y confiables, recorr\u00edan largas distancias por carreteras que a\u00fan no contaban con la infraestructura actual. Los trayectos eran extensos, calurosos y, en ocasiones, accidentados, pero tambi\u00e9n estaban llenos de historias compartidas entre pasajeros. Era com\u00fan entablar conversaciones con desconocidos, intercambiar alimentos, escuchar relatos de pescadores, comerciantes o familias que viajaban por motivos laborales, de estudio o simplemente para visitar a sus seres queridos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sureste mexicano viv\u00eda entonces una etapa de transformaci\u00f3n. Canc\u00fan apenas comenzaba a consolidarse como destino tur\u00edstico; muchas comunidades permanec\u00edan aisladas y depend\u00edan del transporte terrestre y fluvial para comunicarse. En varios estados de la regi\u00f3n, el uso de transbordadores para cruzar r\u00edos, lagunas y cuerpos de agua extensos era \u2014y en algunos casos sigue siendo\u2014 una pr\u00e1ctica cotidiana, reflejo de la geograf\u00eda y de una forma de vida estrechamente ligada al entorno natural.<\/p>\n\n\n\n<p>La llegada a \u201cLa Perla del Golfo de M\u00e9xico\u201d, como se conoce a Ciudad del Carmen, marcaba un punto clave del viaje. Desde ah\u00ed, el camino continuaba hacia otros destinos del sureste, atravesando selvas, pueblos y carreteras que ofrec\u00edan postales \u00fanicas. No hab\u00eda prisas. El viaje se asum\u00eda como parte del destino, y cada parada, cada cruce y cada paisaje sumaban valor a la experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la construcci\u00f3n del Puente Zacatal, inaugurado en 1994, el cruce en transbordador qued\u00f3 atr\u00e1s, dando paso a una nueva etapa de modernidad y rapidez. Sin embargo, para quienes vivieron aquellos a\u00f1os dorados del sureste mexicano, el recuerdo de viajar en ADO, cruzar la Laguna de T\u00e9rminos en la Panga y observar delfines en libertad permanece como un s\u00edmbolo de una \u00e9poca en la que el viaje era tan importante como el lugar al que se llegaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, esas historias forman parte de la memoria colectiva de la regi\u00f3n, testimonio de un tiempo en el que el sureste se recorr\u00eda con calma, asombro y un profundo respeto por la naturaleza. Una \u00e9poca que, aunque ya no existe en la misma forma, sigue viva en las an\u00e9cdotas de quienes tuvieron el privilegio de vivirla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hip\u00f3lito Garc\u00eda Viajar por carretera hacia el sureste de M\u00e9xico en las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta no era simplemente trasladarse de un punto a otro: era una experiencia completa, una traves\u00eda marcada por la paciencia, el asombro y la emoci\u00f3n de descubrir una regi\u00f3n que a\u00fan conservaba intacta<span class=\"more-link theme-more-link\"><a href=\"https:\/\/reporterosdelsur.org\/diario\/2026\/02\/asi-era-viajar-en-ado-en-los-anos-70-y-80-rumbo-al-sureste-mexicano\/\">Leer Nota 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