La Unión Europea difícilmente alcanzaría su objetivo de controlar el 20% del mercado mundial de chips para 2030, pues las proyecciones apuntan a una participación cercana al 8%. La dependencia de proveedores extranjeros, los altos costos energéticos y la competencia de Estados Unidos y China obligan a Bruselas a replantear su estrategia industrial.

EUROPA.- La Unión Europea enfrenta dificultades para consolidarse como una potencia mundial en la industria de los semiconductores, un sector estratégico para la economía digital, la inteligencia artificial y la fabricación de dispositivos electrónicos, luego de que nuevas proyecciones pusieran en duda el cumplimiento de sus objetivos de producción para 2030.

En 2023, el bloque europeo estableció, mediante la Ley Europea de Chips (Chips Act), la meta de duplicar su participación en el mercado mundial de semiconductores, al pasar del 10 al 20 por ciento antes de finalizar la década. Sin embargo, las proyecciones elaboradas tres años después sitúan su cuota en torno al 8 por ciento, lo que refleja la distancia entre las ambiciones iniciales y las perspectivas de crecimiento de esta industria.

El rezago tecnológico frente a Estados Unidos y China, así como la dependencia de proveedores extranjeros para acceder a chips avanzados, se mantienen entre los principales obstáculos para que Europa fortalezca su autonomía tecnológica.

De acuerdo con un informe del Instituto Montaigne, durante los próximos cinco años el sector europeo de semiconductores estará expuesto a importantes riesgos para su competitividad y la estabilidad de sus cadenas de suministro, entre ellos las restricciones comerciales, la competencia internacional y las crecientes tensiones geopolíticas.

A estas amenazas se suma la posibilidad de que China imponga nuevas restricciones a las exportaciones de minerales críticos para la industria, además de una iniciativa legislativa en Estados Unidos que podría ampliar los controles de Washington sobre las exportaciones de países aliados y sus empresas.

Altos costos y falta de inversión frenan a Europa

Las dificultades externas se combinan con problemas estructurales dentro de la propia Unión Europea, como los elevados precios de la energía, la escasez de trabajadores especializados y el debilitamiento de algunas industrias que demandan semiconductores.

La situación también genera preocupación entre las empresas tecnológicas del continente. Frank Heemskerk, vicepresidente ejecutivo de ASML, compañía neerlandesa especializada en equipos de litografía para fabricar microchips, advirtió sobre la falta de inversiones y la escasa construcción de nuevas plantas de producción en Europa.

De acuerdo con sus declaraciones, la empresa enfrenta una intensa competencia internacional para decidir dónde ampliar sus operaciones, mientras Estados Unidos, China e India destinan importantes recursos al desarrollo de sus respectivas industrias.

Heemskerk señaló que Europa necesita fortalecer sus inversiones y generar condiciones que permitan mantener en el continente una mayor parte de la expansión industrial de ASML.

La compañía es uno de los principales actores de la cadena mundial de semiconductores, debido a que sus equipos son fundamentales para los procesos de fabricación de chips avanzados utilizados por grandes productores internacionales.

La dependencia también abarca el ensamblaje y las pruebas

Otro de los problemas identificados por especialistas es la concentración de las inversiones europeas en determinadas etapas de la fabricación, mientras otras fases esenciales continúan dependiendo de instalaciones ubicadas principalmente en Asia.

En un estudio publicado en la revista Weizenbaum Journal of Digital Society, el investigador Tobias Wuttke, de la Universidad de Gotemburgo, señala que la mayoría de los proyectos respaldados por la Ley Europea de Chips se concentra en las primeras etapas de producción.

Según el análisis, Europa dispone de menos del 1 por ciento de la capacidad mundial en las fases finales de fabricación, que incluyen el ensamblaje, el encapsulado y las pruebas de los semiconductores.

De los 18 proyectos subvencionados examinados por el investigador, solamente uno se dedica por completo a estas actividades y otro lo hace de manera parcial. Esta distribución mantiene una fuerte dependencia de instalaciones asiáticas para completar distintos procesos de producción.

Wuttke también advierte que las fábricas europeas utilizan una amplia variedad de equipos estadounidenses y japoneses. A ello se añade que la versión original de la legislación no contemplaba ayudas estatales específicas para los fabricantes de materiales destinados a la producción de semiconductores dentro del mecanismo de apoyo analizado.

Ante este panorama, el especialista considera difícil que Europa consiga una autonomía completa en un sector integrado en cadenas de suministro internacionales. En su lugar, plantea que el bloque concentre sus esfuerzos en preservar y desarrollar capacidades tecnológicas en segmentos estratégicos de la industria mundial.

Bruselas replantea su estrategia con Chips Act 2.0

Frente a las limitaciones de su política industrial, la Comisión Europea aceptó en junio de 2026 una propuesta para desarrollar una segunda etapa de su estrategia de semiconductores, denominada Chips Act 2.0.

La iniciativa busca impulsar la fabricación de chips avanzados dentro de la Unión Europea, reducir dependencias consideradas estratégicas y mejorar la competitividad del bloque frente a otras potencias tecnológicas.

El nuevo planteamiento se complementará con otras propuestas, como la Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial (CADA) y la Estrategia de Código Abierto de la Unión Europea, orientadas a fortalecer una economía digital más competitiva, segura y resiliente.

No obstante, el desafío para Bruselas consiste en convertir estos planes en inversiones productivas, nuevas instalaciones y capacidades industriales que permitan reducir sus vulnerabilidades sin quedar al margen de las cadenas globales de suministro.

Con las proyecciones actuales lejos de la meta establecida para 2030, la industria europea de semiconductores se enfrenta a la necesidad de redefinir sus prioridades y determinar en qué segmentos puede consolidar una posición estratégica frente a Estados Unidos y China.

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