La sarcopenia puede comenzar desde los 30 años y aumentar el riesgo de caídas, fracturas, alteraciones metabólicas y enfermedades cardiovasculares. Especialistas recomiendan combinar ejercicios de fuerza y actividad aeróbica con una alimentación adecuada para preservar la musculatura.
INTERNACIONAL.- La pérdida de masa muscular no solo afecta la fuerza y la movilidad, también puede comprometer la salud de distintos órganos y reducir la calidad de vida. Así lo explicó la endocrinóloga Tatiana Archákova, del Hospital Yusúpov, quien destacó que los músculos desempeñan funciones esenciales en el metabolismo y la comunicación entre diferentes sistemas del organismo, por lo que han comenzado a considerarse un factor clave para la longevidad.
En declaraciones al medio ruso Lenta.ru, la especialista explicó que, durante la actividad física, el tejido muscular libera sustancias conocidas como mioquinas, que actúan como mensajeros entre los músculos y otros órganos, incluidos el cerebro, el hígado, el páncreas, el intestino y el tejido adiposo.
De acuerdo con las investigaciones citadas, se han identificado más de 650 mioquinas, aunque solo se conoce la función biológica de una pequeña proporción. Estas sustancias participan en la regulación del metabolismo de la glucosa y las grasas, además de que algunas podrían favorecer el funcionamiento de las células nerviosas y presentar efectos antitumorales que continúan bajo investigación.
La especialista subrayó que la musculatura no debe considerarse únicamente como un elemento relacionado con la apariencia física, sino como un tejido fundamental para mantener las funciones corporales y favorecer un envejecimiento saludable.

La sarcopenia puede comenzar a los 30 años
La masa muscular empieza a disminuir gradualmente alrededor de los 30 años. Durante las primeras etapas, el deterioro puede pasar inadvertido, pero se acelera conforme avanza la edad. Según las cifras citadas por la especialista, hacia los 70 años algunas personas pueden haber perdido hasta la mitad de su masa muscular.
Cuando esta pérdida se vuelve excesiva y se acompaña de una reducción de la fuerza y del rendimiento físico, puede tratarse de sarcopenia, una afección que compromete la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Entre sus principales consecuencias se encuentran la debilidad, las dificultades para caminar, los problemas de equilibrio y el incremento del riesgo de caídas y fracturas. Las lesiones de cadera representan una preocupación particular entre las personas mayores, debido a las complicaciones que pueden derivarse de ellas.
Además, la pérdida muscular está relacionada con alteraciones metabólicas, como la resistencia a la insulina, problemas en el control de la glucosa y obesidad. Estos factores pueden coincidir con otras enfermedades y aumentar los riesgos para la salud.
Sedentarismo y mala alimentación, entre los factores de riesgo
La sarcopenia no afecta exclusivamente a los adultos mayores. También puede presentarse entre los 30 y los 40 años, incluso en personas que mantienen un peso corporal considerado normal.
Entre los principales factores que favorecen su aparición se encuentran la falta de actividad física, una alimentación insuficiente o desequilibrada y las fluctuaciones frecuentes de peso, debido a que durante ciertos procesos de adelgazamiento también puede perderse tejido muscular.
El riesgo puede ser mayor en personas que padecen enfermedades como cáncer, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Algunos tratamientos farmacológicos también pueden influir en el metabolismo muscular, por lo que la valoración médica resulta importante.
Para identificar posibles señales de sarcopenia, los profesionales de la salud pueden utilizar el cuestionario SARC-F, que evalúa dificultades para cargar objetos, caminar, levantarse de una silla o subir escaleras, así como problemas de equilibrio y antecedentes de caídas.
Ejercicio y proteínas para preservar los músculos
Aunque la pérdida muscular puede avanzar con la edad, la especialista señaló que es posible prevenirla o reducir su progresión mediante cambios en el estilo de vida. Las principales herramientas son el ejercicio regular y una alimentación adecuada.
La recomendación es combinar actividades aeróbicas con ejercicios de fuerza, adaptados a las condiciones físicas y las necesidades de cada persona. Según los datos citados por Archákova, entrenar dos o tres veces por semana puede mejorar la fuerza muscular entre un 20 y un 35 por ciento, aunque los resultados dependen de factores individuales y del programa de entrenamiento.
La ingesta de proteínas también es importante para conservar y recuperar el tejido muscular. La endocrinóloga plantea un consumo de entre uno y 1.5 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, con cantidades que podrían llegar a dos gramos por kilogramo en casos de sarcopenia pronunciada.
Sin embargo, estas necesidades deben individualizarse, especialmente en personas con enfermedad renal u otras condiciones médicas que requieren supervisión nutricional.
La principal recomendación es no esperar a que aparezcan dificultades para caminar, levantarse o realizar tareas cotidianas. Mantenerse físicamente activo, consumir una alimentación equilibrada y atender oportunamente la pérdida de fuerza puede contribuir a preservar la autonomía y la calidad de vida durante el envejecimiento.


