La endocrinóloga Ekaterina Sajnova advirtió que sentirse bien no descarta alteraciones en los niveles de azúcar en la sangre. Detectar esta condición a tiempo y modificar los hábitos de vida puede reducir aproximadamente a la mitad el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
SALUD.- La prediabetes puede desarrollarse durante años sin provocar síntomas evidentes, por lo que las personas pueden presentar niveles elevados de glucosa sin percibir cambios en su estado de salud, advirtió la endocrinóloga, nutricionista y dietista Ekaterina Sajnova, del Centro Escandinavo de Salud.
En declaraciones a RT, la especialista explicó que esta condición se presenta cuando los niveles de glucosa en la sangre superan los valores normales, pero todavía no alcanzan los criterios necesarios para diagnosticar diabetes.
Sajnova recomendó que todos los adultos mayores de 45 años se realicen evaluaciones periódicas de glucosa, mientras que quienes presentan sobrepeso u otros factores de riesgo deberían comenzar antes, de acuerdo con la valoración médica.
Entre los principales factores de riesgo mencionó los antecedentes familiares de diabetes, la hipertensión arterial, el aumento del perímetro abdominal, el sedentarismo y haber padecido diabetes gestacional.
Para detectar esta alteración, las pruebas iniciales incluyen la medición de glucosa en ayunas y la hemoglobina glucosilada, un indicador que permite estimar el promedio de azúcar en la sangre durante los últimos dos a tres meses.

Sin embargo, la especialista advirtió que un resultado normal de glucosa en ayunas no siempre descarta la prediabetes. En determinados casos, los niveles de azúcar pueden elevarse considerablemente después de consumir glucosa, por lo que el médico podría solicitar una prueba oral de tolerancia a esta sustancia.
Asimismo, señaló que la anemia por deficiencia de hierro y algunas enfermedades sanguíneas pueden alterar los resultados de la hemoglobina glucosilada, por lo que los estudios deben interpretarse considerando las condiciones particulares de cada paciente.
Cambios en la piel y otros signos de alerta
La endocrinóloga también llamó la atención sobre ciertas alteraciones cutáneas que pueden estar relacionadas con la resistencia a la insulina, entre ellas la acantosis nigricans, caracterizada por el oscurecimiento y engrosamiento de la piel, con una apariencia aterciopelada, principalmente en el cuello, las axilas y las ingles.
La aparición de múltiples pequeños crecimientos blandos en la piel también puede justificar una evaluación médica, aunque estos cambios no son exclusivos de la prediabetes y pueden tener otras causas.
Otros posibles indicios incluyen cansancio frecuente, debilidad y dificultades de memoria. Cuando estos síntomas se presentan junto con sobrepeso u otros factores de riesgo, recomendó acudir a consulta y solicitar una valoración.
La especialista añadió que la sed intensa, la necesidad de orinar con frecuencia —especialmente durante la noche—, la picazón, las heridas que tardan en cicatrizar y las infecciones recurrentes pueden ser señales de diabetes ya establecida, por lo que aconsejó no retrasar la atención médica.
Cambios de hábitos para reducir el riesgo
Sajnova destacó que identificar la prediabetes oportunamente permite adoptar medidas para prevenir o retrasar la aparición de diabetes tipo 2. De acuerdo con la especialista, los cambios sostenidos en el estilo de vida pueden reducir aproximadamente a la mitad el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Entre las medidas recomendadas se encuentra perder entre 5 y 7 por ciento del peso corporal inicial cuando existe exceso de peso, además de mejorar la alimentación mediante un mayor consumo de verduras, alimentos integrales y fibra.
También aconsejó disminuir los productos refinados y el azúcar añadido, así como sustituir las bebidas azucaradas por agua. La alimentación mediterránea y los patrones dietéticos basados en vegetales pueden ser alternativas adecuadas, siempre que se adapten a las necesidades de cada persona y puedan mantenerse a largo plazo.
En materia de actividad física, recomendó realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, distribuidos en tres o más días, además de incorporar ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana.
La especialista subrayó que los músculos desempeñan un papel importante en la utilización de la glucosa por parte del organismo. No obstante, las personas con enfermedades cardíacas, hipertensión o problemas articulares deben consultar a un profesional de la salud antes de iniciar o modificar una rutina de ejercicio.
La recomendación central es no esperar a presentar síntomas para revisar los niveles de azúcar en la sangre, especialmente cuando existen factores de riesgo. La detección temprana y la adopción de hábitos saludables pueden contribuir a prevenir complicaciones y mejorar la salud metabólica.


