La ofensiva contemplaría bombardeos contra instalaciones militares, arsenales de misiles y drones, infraestructura energética y centros de mando de la Guardia Revolucionaria. Donald Trump afirmó que no atacará a Teherán antes de las elecciones intermedias de noviembre y aseguró que ambos países mantienen conversaciones productivas.
WASHINGTON, EE. UU.– El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha elaborado planes para una nueva ofensiva militar contra Irán, que contemplaría una campaña de ataques intensivos durante aproximadamente tres días contra objetivos militares y energéticos, de acuerdo con información publicada el 8 de octubre por The New York Times, con base en declaraciones de funcionarios estadounidenses.
Según el reporte, las opciones militares incluyen ataques contra arsenales de misiles y drones, instalaciones energéticas, puestos de mando y cuarteles generales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una de las principales estructuras militares de Irán.
Los planes fueron revisados durante una reunión de altos funcionarios de seguridad nacional celebrada en Camp David, la residencia presidencial de descanso ubicada en Maryland, bajo la dirección del vicepresidente estadounidense, J. D. Vance.
Sin embargo, la elaboración de estas alternativas militares no significa que exista una decisión definitiva de ejecutarlas, pues el presidente Donald Trump mantiene abierta la posibilidad de continuar las negociaciones diplomáticas con Teherán.

Trump descarta ataques antes de las elecciones
De acuerdo con el diario estadounidense, Trump habría rechazado durante los últimos meses cinco propuestas de operaciones militares de gran envergadura contra Irán o los hutíes de Yemen.
Este jueves, el mandatario aseguró que Estados Unidos no atacará a Irán antes de las elecciones de mitad de mandato previstas para noviembre y sostuvo que ambos gobiernos mantienen conversaciones que calificó como productivas.
Las declaraciones se producen en un contexto de incertidumbre sobre el rumbo de las negociaciones entre Washington y Teherán, particularmente por las diferencias en torno al programa nuclear iraní y las condiciones que Estados Unidos exige para alcanzar un acuerdo.
Aunque el Gobierno estadounidense continúa evaluando opciones militares, todavía no existe certeza sobre si Trump autorizará una nueva ofensiva después de los comicios.
Estados Unidos refuerza su presencia militar
Paralelamente, Washington mantiene el fortalecimiento de su despliegue militar en Oriente Medio. Según el reporte, a finales de octubre podrían coincidir en la región tres portaaviones estadounidenses con sus respectivos grupos de ataque, una concentración naval que no se habría registrado desde 2003.
La presencia simultánea de estas fuerzas podría reunir a más de 20 mil marineros e infantes de Marina, además de cientos de aeronaves, lo que ampliaría la capacidad operativa estadounidense en caso de una escalada militar.
No obstante, dentro del círculo cercano al presidente existen diferencias sobre la efectividad de una nueva ofensiva. Algunos funcionarios cuestionan que los bombardeos puedan modificar las decisiones estratégicas de Teherán, mientras otros consideran que una campaña breve e intensa podría aumentar la presión económica sobre el Gobierno iraní.
Las negociaciones nucleares siguen estancadas
Pese a los preparativos militares, las conversaciones entre Estados Unidos e Irán continúan enfrentando obstáculos, principalmente por las discrepancias relacionadas con el programa nuclear de la República Islámica.
Washington busca condiciones que limiten las capacidades nucleares iraníes, mientras que las diferencias sobre los compromisos que debe asumir cada parte han dificultado la posibilidad de alcanzar un entendimiento.
En este escenario, la Administración Trump mantiene abiertas tanto la vía diplomática como las alternativas militares. Por ahora, la preparación de los planes de ataque constituye una opción evaluada por el Pentágono, pero no una confirmación de que una nueva ofensiva vaya a ejecutarse.
El desarrollo de las negociaciones y las decisiones que adopte la Casa Blanca en las próximas semanas serán determinantes para establecer si las tensiones entre ambas naciones avanzan hacia un acuerdo o derivan en una nueva escalada militar en Oriente Medio.


