El desarrollo de células artificiales impulsado por la inteligencia artificial podría abrir nuevas posibilidades médicas, pero también generar organismos con una bioquímica desconocida capaces de escapar a los mecanismos naturales de control y provocar graves alteraciones ecológicas.
MUNDO.- La biología sintética, una disciplina que busca diseñar y construir sistemas biológicos artificiales y que avanza con rapidez gracias al desarrollo de la inteligencia artificial, se acerca a un punto que podría transformar la ciencia: la creación de células completamente sintéticas.
Sin embargo, este avance también ha encendido alertas entre investigadores debido a la posibilidad de desarrollar organismos con una bioquímica distinta a la utilizada por la vida natural.
Uno de los escenarios que genera mayor preocupación es la denominada “vida espejo”, basada en moléculas que poseen una estructura asimétrica. Muchas moléculas orgánicas existen en dos configuraciones que pueden compararse con una mano derecha y una mano izquierda.
Los organismos vivos utilizan predominantemente una de esas configuraciones. La posibilidad de construir células artificiales utilizando las versiones especulares de determinadas moléculas abriría la puerta a una forma de biología que prácticamente no existe en la naturaleza.

Potenciales beneficios médicos
Las denominadas moléculas espejo podrían tener aplicaciones en áreas como la medicina y la biotecnología. Al presentar características diferentes frente a los sistemas biológicos convencionales, podrían utilizarse eventualmente para desarrollar nuevos tratamientos o herramientas terapéuticas.
No obstante, los posibles beneficios tendrían que ser evaluados frente a riesgos que todavía resultan difíciles de dimensionar.
Una de las principales preocupaciones es que los sistemas inmunitarios de los organismos naturales podrían no reconocer adecuadamente a microorganismos construidos con una bioquímica especular.
Esto podría permitir que determinadas bacterias artificiales se reprodujeran y se propagaran sin enfrentar las mismas barreras biológicas que limitan a los microorganismos naturales.
El riesgo de una propagación incontrolable
El problema no terminaría en el sistema inmunitario. Virus, bacteriófagos y otros organismos que desempeñan funciones de control sobre poblaciones bacterianas naturales podrían ser incapaces de identificar o atacar a microorganismos construidos con moléculas de lateralidad opuesta.
De concretarse este escenario, una bacteria de “vida espejo” que escapara accidentalmente de un laboratorio podría encontrar un entorno con pocos mecanismos naturales capaces de contenerla.
El riesgo también tendría una dimensión ambiental. Una eventual propagación de estos organismos podría alterar comunidades microbianas, cadenas ecológicas y procesos biológicos esenciales, con consecuencias difíciles de predecir.
Proponen actuar antes de que sea posible crear estas células
Ante este escenario hipotético, especialistas citados por The Economist plantean que los gobiernos y organismos científicos deberían establecer límites antes de que existan células sintéticas de vida espejo plenamente funcionales.
Entre las propuestas se encuentra evitar el financiamiento de investigaciones destinadas a desarrollar este tipo de organismos y establecer restricciones tanto para instituciones públicas como privadas.
También se plantea reforzar los sistemas de vigilancia para identificar investigaciones clandestinas o solicitudes inusuales de materiales biológicos.
Una de las medidas sugeridas consiste en ampliar los mecanismos de control utilizados actualmente para detectar pedidos sospechosos de componentes biológicos, incorporando solicitudes de moléculas con lateralidad opuesta.
El debate también alcanza a la inteligencia artificial. Debido a que estas herramientas pueden acelerar el diseño de moléculas y procesos biológicos, se propone incorporar barreras de seguridad en modelos públicos de IA para impedir que sean utilizados para desarrollar aplicaciones relacionadas con la bioquímica espejo.
La discusión coloca así a la biología sintética frente a uno de sus mayores dilemas: hasta dónde avanzar en la creación de nuevas formas de vida y qué mecanismos de seguridad deben establecerse antes de que la tecnología haga posible aquello que hoy todavía pertenece al terreno experimental.


