Washington busca contener el avance tecnológico de Pekín con restricciones a los semiconductores, mientras China fortalece su producción nacional y mantiene una posición dominante en materias primas estratégicas.
WASHINGTON.- La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ha entrado en una nueva etapa, en la que los semiconductores, la inteligencia artificial (IA) y las materias primas estratégicas se han convertido en los principales frentes de una disputa que trasciende los aranceles y las sanciones comerciales.
Washington ha endurecido los controles para impedir que China acceda a chips avanzados, especialmente a los procesadores utilizados para entrenar sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, las restricciones no han frenado por completo el desarrollo tecnológico chino, cuyos modelos de IA han ganado terreno frente a sus competidores occidentales.
Además, las medidas estadounidenses presentan fisuras. En agosto de 2026 se conoció en Taiwán un caso en el que empleados de empresas tecnológicas fueron acusados de facilitar el envío ilegal a China de servidores equipados con procesadores avanzados de Nvidia. Se trataba de 130 servidores B300 destinados al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial y sujetos a controles de exportación.

Otra vía utilizada para sortear las restricciones consiste en acceder de manera remota a los procesadores instalados fuera del territorio chino. Empresas como Alibaba, ByteDance y Moonshot AI han recurrido a centros de datos ubicados en países del sudeste asiático, entre ellos Tailandia y Malasia, para utilizar capacidad de cómputo mediante servicios en la nube sin que los chips sean trasladados físicamente a China.
China acelera producción de semiconductores
Ante las restricciones occidentales, Pekín ha intensificado sus esfuerzos para desarrollar una cadena de suministro tecnológica propia. La proporción de equipos para fabricación de semiconductores desarrollados por proveedores nacionales aumentó de 25 por ciento en 2024 a 35 por ciento a finales de 2025, de acuerdo con datos citados por South China Morning Post.
Uno de los sectores estratégicos es la litografía, indispensable para fabricar chips avanzados. China ya trabaja en el desarrollo de sus propias máquinas, aunque todavía se encuentra considerablemente por detrás de ASML, empresa neerlandesa que domina el mercado de los equipos de litografía más sofisticados.
El experto en alta tecnología Chris Miller ha señalado que las primeras máquinas chinas de litografía DUV por inmersión corresponden a una tecnología que ASML comenzó a producir hace casi 25 años. Esto representa un avance para la autosuficiencia china, pero también evidencia la distancia tecnológica que todavía existe respecto a los principales fabricantes occidentales.
Tierras raras, otro frente de la disputa
La competencia también se extiende a las materias primas indispensables para la industria tecnológica. China mantiene una posición dominante en el mercado de las tierras raras, con aproximadamente 70 por ciento de la extracción mundial y cerca de 90 por ciento de su procesamiento.
Además, el país asiático concentra la producción de gran parte de los imanes de neodimio utilizados en servidores, discos duros y otros equipos tecnológicos.

Esta posición representa una ventaja estratégica para Pekín, ya que incluso si Estados Unidos y sus aliados incrementan su capacidad de fabricación de semiconductores, continuarán dependiendo de minerales críticos, materiales refinados y componentes cuya cadena de suministro permanece estrechamente vinculada con China.
Washington busca reducir dependencia
Estados Unidos intenta contrarrestar esa dependencia mediante una estrategia conocida como Pax Silica, que contempla alianzas internacionales, acuerdos con productores de minerales e inversiones para desarrollar cadenas de suministro alternativas.
En 2026, Washington también creó el Pax Silica Fund, mientras otras iniciativas buscan fortalecer las reservas estratégicas y diversificar el acceso a materias primas críticas.
No obstante, estas medidas todavía no han modificado de manera sustancial el equilibrio de la cadena global de suministro.
Nvidia enfrenta nuevos competidores
La disputa tecnológica también genera cambios dentro del propio sector estadounidense. Nvidia mantiene el liderazgo en aceleradores para inteligencia artificial, pero compañías como Alphabet y Amazon desarrollan procesadores propios para reducir su dependencia de proveedores externos.
Alphabet impulsa sus unidades de procesamiento tensorial, conocidas como TPU, mientras Amazon desarrolla la familia de chips Trainium. Meta también trabaja en sus propios procesadores.
A pesar de esta creciente competencia, Nvidia mantiene una posición dominante. Su participación en el mercado de aceleradores de inteligencia artificial fue estimada en 86 por ciento durante 2025, según datos citados por Los Angeles Times.
El escenario muestra que la competencia tecnológica ya no se limita a determinar quién fabrica el chip más potente, sino quién puede controlar la infraestructura completa necesaria para desarrollar y operar sistemas de inteligencia artificial.
Una disputa por toda la cadena tecnológica
En los semiconductores más avanzados y en los equipos de litografía de última generación, Estados Unidos y sus aliados conservan una ventaja considerable. China ha logrado avances importantes, pero todavía enfrenta dificultades para fabricar a gran escala los chips más sofisticados.
Al mismo tiempo, Pekín posee una posición más sólida en la producción de semiconductores menos avanzados, en la construcción de una cadena industrial propia y, especialmente, en el control de materias primas y su procesamiento.
Por ello, el equilibrio tecnológico no puede medirse únicamente por la capacidad de producir el procesador más avanzado.
La verdadera disputa se encuentra en el control de toda la cadena: diseño de chips, fabricación, litografía, capacidad informática, materias primas y logística. En la frontera tecnológica, Occidente mantiene una ventaja; en la escala industrial y el control de recursos críticos, China conserva importantes cartas estratégicas.
La evolución de esta competencia determinará no solo el futuro de la industria de semiconductores, sino también quién tendrá mayor capacidad para controlar la infraestructura mundial de la inteligencia artificial.


