CHIAPAS.- El cambio religioso en las fronteras de México se ha acelerado debido a la convergencia de distintas creencias derivadas de procesos migratorios, económicos y sociales, afirmó el académico Alberto Hernández durante el vigésimo sexto Congreso de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (Rifrem).
En su ponencia, el investigador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef) presentó un panorama sobre los factores que han impulsado la diversidad religiosa tanto en la frontera norte como en el sur del país.
Hernández explicó que en estados del sur como Tabasco, Campeche y Chiapas, la transformación religiosa está ligada a procesos de colonización, creación de nuevos municipios, expansión petrolera y turística, además de la llegada de refugiados guatemaltecos y salvadoreños.
En el caso de Chiapas, destacó que conviven más de 12 grupos étnicos con sistemas religiosos propios, donde la religiosidad indígena mezcla elementos del catolicismo colonial, cosmovisiones mayas y corrientes evangélicas.
El académico señaló que la migración centroamericana ha sido uno de los principales factores de diversificación religiosa en la región sur. Migrantes procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador llevan consigo tradiciones evangélicas, pentecostales y católicas que se comparten en albergues para personas migrantes ubicados en ciudades como Tapachula, Arriaga e Ixtepec.
Según los datos expuestos, en Tapachula el 68.4 por ciento de la población se identifica como católica, mientras que el 21.6 por ciento pertenece a grupos protestantes o evangélicos y el 9.2 por ciento declara no tener religión.
En San Cristóbal de las Casas, la diversidad es aún mayor: el 58.7 por ciento de la población se asume católica, el 27.3 por ciento protestante y un 3.1 por ciento se adscribe a religiones indígenas tradicionales.
Durante su exposición, Hernández también comparó las diferencias entre el norte y el sur del país respecto al fenómeno religioso. Explicó que en los estados fronterizos del norte la conversión religiosa suele verse como una forma de protección frente al crimen organizado, mientras que en el sur los conflictos religiosos están más relacionados con disputas territoriales y desplazamientos forzados.
Como ejemplo, mencionó el caso de San Juan Chamula, donde más de 30 mil personas han sido expulsadas por conflictos vinculados a cuestiones religiosas y comunitarias.

El investigador destacó además el crecimiento de la población que afirma no profesar ninguna religión, fenómeno distinto al ateísmo. A nivel nacional, este sector pasó del 3.5 por ciento en el año 2000 al 8.1 por ciento en 2020, mientras que en municipios fronterizos del norte supera entre el 10 y 12 por ciento.
Finalmente, indicó que esta tendencia se concentra principalmente en jóvenes de entre 18 y 35 años, con mayor escolaridad y acceso a internet. Aunque en el sur la desafiliación religiosa es menor, señaló que también se observa en ciudades como Tuxtla Gutiérrez y Comitán, particularmente entre poblaciones mestizas.


