VERACRUZ.- Durante el Viacrucis celebrado este Viernes Santo en la Catedral Metropolitana y calles del centro de Xalapa, la Iglesia Católica elevó oraciones por las madres que enfrentan el dolor por la pérdida, desaparición, encarcelamiento o sufrimiento de sus hijos, en una jornada marcada por llamados a la empatía, la compasión y la solidaridad humana.

En la ceremonia religiosa, que contó con la presencia del arzobispo de Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, quien cargó la cruz en varias estaciones, se pidió especialmente por aquellas madres que reciben noticias desgarradoras en medio de la noche, así como por quienes permanecen en hospitales acompañando a hijos cuya vida se apaga.

Durante la Cuarta Estación se elevó una oración en favor de diversos sectores vulnerables: “Consuela, oh madre, a las madres que han perdido a sus hijos; consuela a los huérfanos, especialmente a causa de las guerras; a los migrantes, desplazados, repatriados y refugiados; a quienes sufren tortura y a los desesperados que han perdido el sentido de la vida”, se dio lectura ante los fieles.

A lo largo del recorrido se destacó también la labor de miles de voluntarios alrededor del mundo que, aun sin profesar la fe cristiana, ayudan a quienes atraviesan situaciones extremas, brindando alimento, atención médica y justicia, contribuyendo simbólicamente a “cargar la cruz” del prójimo.

Los mensajes reflexivos recordaron que Jesús cayó y se levantó para levantar a quienes permanecen oprimidos por las injusticias, la violencia, la explotación y las desigualdades sociales, haciendo un llamado a transformar la empatía en acciones concretas y no solo en palabras.

Durante las estaciones se realizaron plegarias para pedir fortaleza ante errores personales, responsabilidades que agobian, situaciones de opresión y problemas como las adicciones, invitando a los asistentes a mantener la esperanza y la fe en medio de las dificultades.

Asimismo, se resaltó el papel histórico de las mujeres, quienes —se señaló— han acompañado el sufrimiento humano en hospitales, casas hogar, comunidades vulnerables, zonas de conflicto y misiones humanitarias, brindando consuelo y apoyo a quienes más lo necesitan.

En el Viacrucis también se reflexionó sobre el dolor de madres cuyos hijos han sido detenidos, deportados, víctimas de guerras o de la violencia, subrayando que “las mujeres siguen llorando”, como símbolo del sufrimiento persistente en distintas partes del mundo.

La celebración concluyó con una oración para que la sociedad conserve un corazón compasivo y sensible ante el dolor ajeno, pidiendo “lágrimas para llorar por las guerras, las masacres, los genocidios y por la indiferencia humana”, como un llamado a mantener viva la conciencia social y la solidaridad.

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