Washington / Medio Oriente.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ultimátum a Irán al exigir la reapertura total del estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas, advirtiendo que, de no cumplirse la medida, su país podría iniciar ataques contra infraestructura energética iraní.

A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense señaló que, si Irán no permite el libre tránsito marítimo “sin amenazas” en esta estratégica ruta, Estados Unidos procederá a atacar y destruir diversas plantas de energía iraníes, comenzando por la de mayor tamaño.

La advertencia se produce luego de que Irán bloqueara casi por completo el estrecho de Ormuz tras los recientes ataques atribuidos a fuerzas estadounidenses e israelíes. La vía marítima, considerada una de las más importantes del mundo para el transporte de petróleo y gas, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y es clave para el suministro energético global.

Autoridades iraníes anunciaron la prohibición del paso a todo tipo de embarcaciones, asegurando que no saldrá de la región “ni una sola gota de petróleo” por vía marítima, situación que ha provocado un incremento inmediato en los precios internacionales de los combustibles.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica reiteraron recientemente que los buques de Estados Unidos y de países aliados no podrán atravesar el estrecho. No obstante, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó que la ruta marítima continúa abierta parcialmente y que las restricciones aplican únicamente a embarcaciones de países considerados enemigos.

En este contexto, Trump propuso la creación de una coalición naval internacional para escoltar barcos comerciales a través del estrecho de Ormuz. Sin embargo, varias naciones —entre ellas China, Australia, Alemania, Japón, Corea del Sur y España— rechazaron participar mediante el envío de buques militares a la zona.

La situación mantiene en alerta a la comunidad internacional ante el riesgo de una escalada militar y sus posibles repercusiones económicas globales, especialmente en los mercados energéticos y las rutas comerciales estratégicas.

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