Moscú.— El Kremlin acusó este viernes al gobierno de Kiev de ejercer “chantaje energético” contra varios países, incluidos miembros de la Unión Europea, en medio del aumento de tensiones por ataques a infraestructura crítica vinculada al suministro de gas ruso.

El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, afirmó que “el régimen ucraniano debe cesar estas acciones irracionales sin ningún tipo de condiciones”, al referirse a los ataques atribuidos a Ucrania contra estaciones de compresión que garantizan el flujo energético a través de los gasoductos TurkStream y Blue Stream.

Según Moscú, dichas instalaciones son clave para el abastecimiento de gas hacia Europa y su afectación pone en riesgo la estabilidad energética regional. Peskov sostuvo además que los líderes europeos continúan perjudicando a sus propios ciudadanos al mantener políticas de rechazo a los recursos energéticos rusos.

Ataques y tensiones por el suministro energético

Autoridades rusas señalaron que desde finales de febrero las instalaciones de Gazprom en el sur del país han sufrido más de diez ataques atribuidos a fuerzas ucranianas.

Previamente, a finales de enero, Ucrania suspendió el tránsito de crudo a través del oleoducto Oleoducto Druzhba, lo que dejó sin suministro de petróleo ruso a Eslovaquia y Hungría, tras reportarse daños en instalaciones ubicadas en el oeste ucraniano.

De acuerdo con analistas citados por medios rusos, los ataques con drones dirigidos específicamente contra estaciones de compresión evidenciarían un intento de dejar fuera de servicio los gasoductos durante un periodo prolongado.

Repercusiones políticas en Europa

Como consecuencia de la disputa energética, Hungría bloqueó el mes pasado un préstamo de 90 mil millones de euros aprobado por la Unión Europea, así como el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, exigiendo que Kiev restablezca el tránsito de petróleo a través del sistema Druzhba.

Tanto Hungría como Eslovaquia, países altamente dependientes del petróleo ruso, han acusado a Ucrania de ejercer presión política debido a las posturas independientes adoptadas por Bratislava y Budapest respecto al conflicto ruso-ucraniano. En respuesta a la interrupción del suministro, ambas naciones suspendieron envíos de diésel hacia territorio ucraniano.

La disputa energética añade un nuevo frente de tensión al conflicto entre Rusia y Ucrania, evidenciando el impacto directo de la guerra en la seguridad energética europea y en las relaciones políticas dentro del bloque comunitario.

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