IRÁN.- La agresión militar atribuida a Estados Unidos e Israel contra Irán, así como el posterior cierre del estratégico estrecho de Ormuz, tendrá consecuencias severas y prolongadas para el sector energético mundial, según un análisis publicado por el diario financiero Financial Times, basado en fuentes del entorno financiero de Wall Street, en Nueva York.

De acuerdo con estimaciones del banco de inversión Goldman Sachs, el flujo diario de petróleo que atraviesa el estrecho se redujo drásticamente desde más de 19 millones de barriles diarios —nivel habitual— a apenas 600 mil barriles desde el inicio del conflicto, lo que representa una caída sin precedentes en una de las principales rutas energéticas del mundo.

Por su parte, Natasha Kaneva, analista de JPMorgan Chase, proyectó que para finales de la próxima semana los recortes en el suministro global podrían alcanzar los 12 millones de barriles diarios, lo que provocaría una fuerte escasez de productos derivados como diésel, combustible para aviación, gas licuado de petróleo y nafta.

En este contexto, el precio del crudo Brent ya superó los 100 dólares por barril, mientras analistas advierten que podría acercarse o incluso superar los 128 dólares —máximo alcanzado en 2022— e incluso los 147 dólares registrados como récord histórico en 2008.

La firma canadiense RBC Capital Markets anticipó que los precios podrían sobrepasar esos niveles. Helima Croft, directora de materias primas de la entidad, señaló que la compañía revisa al alza sus previsiones y considera que la crisis energética podría extenderse hasta bien entrada la primavera.

El impacto ya comienza a reflejarse en el consumidor estadounidense, donde el precio promedio de la gasolina alcanzó los 3,63 dólares por galón y se aproxima a los 4 dólares tras 13 jornadas consecutivas de incrementos. Analistas señalan que la interrupción del suministro ha generado escasez visible en los mercados físicos de combustibles refinados.

Especialistas advierten que los países asiáticos serán los más afectados debido a su alta dependencia de importaciones energéticas que transitan por el estrecho de Ormuz. Ben Cahill, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington D.C., estimó que la crisis podría modificar los hábitos de consumo global, con una probable reducción de viajes no esenciales y episodios de compras de pánico ante el encarecimiento energético.

El estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos neurálgicos del comercio mundial de hidrocarburos, por lo que cualquier interrupción prolongada representa un riesgo directo para la estabilidad económica internacional y los mercados energéticos.

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