JONUTA, TAB.- En la ribera del río Chico, donde una docena de casas coloridas se levanta entre plantas, flores y patios limpios, un nuevo modo de vida comienza a florecer. Apenas se cruza el puente, las jaulas flotantes sobre el agua revelan el cambio: familias que antes carecían de empleo hoy practican acuacultura gracias al programa “Pescando Vida”, impulsado por el gobierno estatal encabezado por el gobernador Javier May Rodríguez.
Sentada junto a su familia sobre un cayuco, doña Laura Josefina Salvador Pascual recuerda los tiempos difíciles. “No había trabajo. Nadie daba trabajo. Y en el rancho de por sí se sufre mucho. Hubo una temporada en que no hubo trabajo, ¿y de dónde íbamos a agarrar para la comida?”, relata.
En esta comunidad, enclavada en una geografía formada por un brazo del Mono Sagrado, el programa ha comenzado a cambiar la historia de decenas de familias. Camionetas recorren la ribera del municipio de Jonuta para distribuir alimento destinado al cultivo de tilapia, una actividad que ahora representa sustento y esperanza.

Doña Laura Josefina confiesa que al principio dudaron. “Nosotros no lo creíamos, porque antes venían los políticos y prometían, pero no cumplían. Hasta que llegó el programa y nos avisaron que sí estábamos incluidos. Ahora hasta nos supervisan para hacer las cosas bien”, señala.
Antes, al no contar con tierras, sus nombres nunca figuraban en programas productivos. Hoy, además de recibir un apoyo mensual, su familia obtiene alimento directo del río. “El pescado sigue creciendo y tenemos ya un plato para comer en la mesa, que antes no había. Y otra parte lo vendemos”, afirma con orgullo.

Ella forma parte de la Comunidad de Aprendizaje Acuícola “Tilapia de la 4T”, integrada por 20 beneficiarios que han pasado de la pesca tradicional al cultivo organizado, con el acompañamiento de técnicos especializados que les enseñan desde el cuidado de los alevines hasta su crecimiento y alimentación.
Más allá del ingreso económico, el programa ha fortalecido su autoestima. “Pensamos que no se iba a dar porque no sabíamos, pero gracias al técnico ahora ya sabemos cómo hacerle para que crezcan y lleguen a buen tamaño”, explica.
En su hogar, el trabajo es compartido por los diez integrantes de la familia, quienes participan en la alimentación diaria de los peces. Para ella, el programa representa una oportunidad de vida digna. “Quiero darle las gracias al gobernador por este proyecto hacia los más necesitados. Sí es beneficio para la familia, sí es prosperidad”, expresa.

A pocos metros, doña Lucía López Pérez comparte una historia similar. Apoyada en un bastón de guásimo, observa con satisfacción las jaulas que pronto llevará al río. “Jamás nadie me había hecho este regalo. Voy a trabajar hasta el final, hasta donde Dios me dé fuerza”, asegura.
Cada día, acompañada por su familia, se traslada en cayuco hasta sus jaulas, donde alimenta a las tilapias que posteriormente vende en el mercado local o destina al consumo familiar. La actividad no solo le ha permitido mejorar sus ingresos, sino también recuperar su independencia económica.
“Que Dios cuide al gobernador y a todos los que hicieron posible este programa, para que yo tenga hoy una mejor forma de vivir, ya no lavando ropa, sino trabajando dignamente”, afirma.
El programa “Pescando Vida” se consolida así como una estrategia de desarrollo social que no solo fortalece la economía local, sino que devuelve esperanza, dignidad y oportunidades a familias que hoy ven en el río no solo un recurso natural, sino una fuente de bienestar y futuro.


