Redacción | Reporteros del Sur

+ Manuel Andrade Díaz: el gobernador que se auditó y se absolvió solo Crónica del mayor acto de corrupción e impunidad en la historia de Tabasco

En Tabasco la corrupción ha tenido muchas formas, pero pocas tan refinadas como aquella en la que el propio gobierno decidió ahorrarse la molestia de ser fiscalizado. No hizo falta esconder facturas ni desaparecer expedientes: bastó con algo más sencillo y eficaz —aprobarse a sí mismo.

Eso fue exactamente lo que ocurrió en 2006, durante la administración del entonces gobernador Manuel Andrade Díaz, cuando en un solo año se consumó un acto sin precedentes: la autoaprobación de dos ejercicios presupuestales. Una obra maestra de la administración pública creativa: el acusado fue juez, jurado y notario.

2006: EL AÑO EN QUE EL PODER SE DIO POR ABSUELTO

El Fiscal Superior del Estado, Juan José Peralta Fócil, lo dijo sin rodeos al referirse a este episodio como “el mayor acto de corrupción y de impunidad” cometido por un gobernador en la historia de Tabasco.

De acuerdo con su explicación, en 2006 Manuel Andrade aprobó su propia cuenta pública del ejercicio 2005 y, como si eso no bastara, ese mismo año también aprobó nueve meses del ejercicio 2006. Un hecho inédito no solo a nivel estatal, sino —subraya Peralta Fócil— en toda la historia de la República Mexicana.

Es, hasta hoy, el único gobernador del país que en un mismo año se autoaprobó dos ejercicios presupuestales, cerrando anticipadamente cualquier posibilidad de fiscalización real.

AUDITORÍAS SIN AUDITORES

El mecanismo fue tan simple como devastador para la rendición de cuentas. El Ejecutivo mantenía el control político del aparato de fiscalización y el proceso se redujo a una coreografía administrativa: se presentaban cuentas, se levantaban actas y, finalmente, todo quedaba aprobado.

No hubo resistencia.

No hubo cuestionamientos.

No hubo consecuencias.

La fiscalización se convirtió en un ritual vacío, más cercano a un trámite notarial que a un ejercicio de control del poder.

28 DE DICIEMBRE DE 2006: LA “LIMPIA” FINAL

Pero el episodio no terminó con la doble autoaprobación. El golpe definitivo llegó el 28 de diciembre de 2006, una fecha que en el calendario mexicano se conoce como el Día de los Inocentes.

Ese día, explica Peralta Fócil, se aprovecharon para “limpiar” todas las observaciones pendientes de la administración de Manuel Andrade Díaz. Las irregularidades acumuladas durante todo el sexenio fueron lavadas administrativamente en bloque.

Ahí, en ese acto, se conjugó —en palabras del propio Fiscal Superior— el mayor acto de corrupción y de impunidad en la historia de Tabasco. No fue un error técnico ni un descuido burocrático: fue una decisión deliberada para cerrar el expediente del poder antes de que alguien pudiera abrirlo.

CORRUPCIÓN SIN CASTIGO: EL VERDADERO ESCÁNDALO

El escándalo no es solo el dinero cuyo destino jamás fue aclarado. El verdadero daño fue el mensaje que dejó este episodio: en Tabasco, el poder podía exonerarse a sí mismo sin mayor trámite.

No hubo investigaciones penales posteriores.

No hubo sanciones administrativas.

No hubo intentos serios de revertir la autoaprobación.

La impunidad no fue una falla del sistema; fue su producto final.

ROMPER LA DESMEMORIA

Consciente de la gravedad del caso, Juan José Peralta Fócil ha anunciado que trabaja en un ensayo para que este episodio no quede sepultado por el olvido. Su intención es clara: que el mayor acto de corrupción administrativa cometido en Tabasco quede registrado en la memoria colectiva del estado.

El texto, ha dicho, será compartido en universidades, con jóvenes tabasqueños, en el sector social y con la iniciativa privada, como una advertencia: la desmemoria es terreno fértil para que se repitan los mismos abusos.

Porque —advierte— cuando la fiscalización se relaja y el pasado se olvida, se crean engendros políticos capaces de saquear al estado y retirarse sin consecuencias.

Lo ocurrido en 2006, bajo el gobierno de Manuel Andrade Díaz, no fue solo una irregularidad administrativa. Fue la institucionalización de la impunidad: un momento en el que el poder decidió que no necesitaba ser vigilado, solo firmado.

Por eso este episodio no es historia vieja. Es una advertencia vigente.

En Tabasco, la corrupción más peligrosa no fue la que se escondió, sino la que se aprobó en actas y sellos oficiales.

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