JONUTA, TAB.- En la ranchería San José, municipio de Jonuta, los cambios comenzaron a sentirse desde hace casi un año. Aunque las rutinas cotidianas se mantenían —el padre saliendo a trabajar al amanecer y la madre tejiendo lirio junto a la ventana—, en el hogar de Mario algo había cambiado: la incertidumbre había empezado a quedarse atrás.
La transformación llegó desde la primavera pasada, cuando los padres del menor acudieron al puerto para recibir un certificado que les permitiría incorporarse al programa Pescando Vida, iniciativa que les abrió una nueva oportunidad laboral en la crianza de peces. A partir de entonces, el ambiente en casa se llenó de confianza y optimismo. El padre regresaba del campo silbando y la madre participaba en reuniones comunitarias con otros beneficiarios del programa.

El cambio no fue exclusivo de su familia. En la escuela, Mario descubrió que muchos de sus compañeros de sexto grado vivían una transformación similar. La mejora en las condiciones de vida comenzaba a reflejarse en toda la comunidad.
Al enterarse de que el impulsor del programa visitaría el ejido, el niño decidió agradecer de una manera especial. Inspirado por la herencia de su abuelo, un reconocido tallador de madera, tomó un trozo de macuilí y, por primera vez, se dispuso a esculpir. Durante tres meses, con paciencia y dedicación, dio forma a un manatí, símbolo de la región, convencido de que ese obsequio representaría el agradecimiento de su familia.
El sábado 24 de enero, acompañado de su padre, don Ramón Hernández, Mario acudió a la escuela Mario Díaz, donde el gobernador Javier May Rodríguez ofrecía audiencias públicas en la cancha techada, convertida ese día en un punto de encuentro comunitario. Con serenidad, el menor entregó su obra al mandatario.
“Muchas gracias por el programa que nos ha dado y felicidades por ser el Gobernador”, expresó Mario al hacer entrega de la escultura. El gobernador recibió la pieza visiblemente conmovido por el talento y el gesto del pequeño artesano.

Don Ramón Hernández no ocultó su orgullo. “Está rescatando algo que prácticamente se había perdido”, dijo en referencia a la tradición familiar de la talla en madera. Además, destacó la relevancia de la visita oficial: “Es el primer gobernador que viene a la ranchería San José. Nunca se había visto a un Gobernador atendiendo a los Centros Integradores”.
De regreso a casa, aún tomado de la mano de su padre, Mario compartió sus planes: continuar con la artesanía en madera mientras persigue su sueño de convertirse en contador. “Me siento muy contento”, dijo, convencido de que el trabajo, la gratitud y las oportunidades pueden ir de la mano.
La historia de Mario refleja el impacto social de programas como Pescando Vida, que no solo fortalecen la economía familiar, sino que también siembran esperanza, identidad y nuevas vocaciones en las comunidades tabasqueñas.


